Cuando sólo quedábamos veinticinco

Por Víctor Ramés
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Fuerte II yellAlguna vez la población de la ciudad que hoy habitamos fue tan mínima, que sólo veinticinco vecinos quedaron en ella. Y a punto estuvieron éstos de seguir el mismo destino que habían inaugurado otros al mudarse, con lo que se podían llevar, a la más antigua, benemérita, muy noble y muy leal ciudad de Santiago. En Córdoba eran tan pocos que ni siquiera habitaba en ella su gobernador. El siniestro Gonzalo de Abreu y Figueroa había accedido al cargo descoyuntado el cuello de su antecesor, el fundador don Jerónimo Luis de Cabrera, justo al cumplirse el primer aniversario de Córdoba. El gobernador Abreu fijó residencia en la primera ciudad fundada en el territorio, la de Santiago del Estero. Madre de ciudades e hija a su vez de sucesivos despoblamientos ocurridos más de veinte años antes.
En 1576, a tres años de su fundación, los pocos vecinos que permanecían en Córdoba juzgaron insostenible la situación, ya que eran pocos para garantizar su subsistencia, en un territorio no del todo conocido, a gran distancia de otros centros poblados e indefensos frente a los naturales que siempre pretenderían recuperar su valle.
Las autoridades del Cabildo residían aún en el fuerte levantado por Cabrera a orillas del Suquía, más al suroeste del emplazamiento de la planta de la ciudad. Debido a las circunstancias adversas, el traslado al sitio definitivo de la ciudad se había postergado por varios años.
Viéndose en tal situación, los responsables del Cabildo decidieron escribir una carta al gobernador Gonzalo de Abreu, a Santiago. Así la fecharon: “En la ciudad de Córdoba a trece días del mes de Octubre de mil y quinientos y setenta y seis años”, pasando a consignar el destinatario: “al muy Ilustre Señor Gonzalo de Abreu de Figueroa, Gobernador Capitán General é Justicia mayor de estas Provincias por su Magestad etc.” Y le expusieron lo siguiente:
“Muy Ilustre Señor:
El gran riesgo y necesidad en que ésta ciudad está es lo que nos da fuerza á ser importunos por él, como V. Sría. verá y le consta como de cada día se van los vecinos de esta ciudad á donde V. Sría. está, sin licencia de la Justicia y al presente están de esta ciudad así treinta vecinos fuera de ella y los que andan acá son tan pocos que no son veinte é cinco y los mas de ellos viejos é desarmados y a causa de esto no somos parte para poder salir á hacer las chácaras ni guardar los ganados en el campo”
Faltaba la mitad de los vecinos de una población de sesenta, a juzgar por lo afirmado en la carta, y los que habían permanecido no podían arreglarse para asegurar la continuidad de la ciudad de la Nueva Andalucía.
En la carta dirigida por los cabildantes a Abreu, lo emplazaban en cierto modo a resolver la situación. Allí queda anotado un párrafo que tal vez sea el testimonio más pesimista dado en estas tierras respecto al futuro de Córdoba:
“V. Señoría ponga remedio en que vengan los vecinos de esta ciudad con brevedad a sustentarla, y no enviando los vecinos, V. Sría. nos dé licencia para que nos vamos todos a esa ciudad, porque no seremos parte de aquí adelante a podernos sustentar, y no pudiendo, haremos las diligencias que nos convengan y despoblaremos esta ciudad porque no nos sirven Indios naturales ni yanaconas, y han concertado que en estando las comidas maduras darán en esta ciudad y con esto quedaremos descargados y V. Sría. más obligado al sustento y resguardo de ella.”
Dicho en forma más directa: o V. Sría. ordena volver a los desertores, o nos vamos todos con ustedes. Sin duda, un pronóstico terminal para la ciudad, en materia de destino histórico.
Cuatro días más tarde, la siguiente Acta del Cabildo retoma el asunto, y esta vez el informe va dirigido a instancias superiores, sobre el estado de la ciudad. Aprovechando que “de presente va a las Provincias del Perú el Capitán Juan de Garay, les pareció a sus mercedes escribir a los muy poderosos Señores Presidentes e Oidores de la Real Audiencia de la Plata y al muy excelente Señor Viso Rey de los Reynos del Perú”.
En la carta dirigida a las alta jerarquías coloniales, se deposita en el gobernador Abreu la responsabilidad por la triste situación de la ciudad, al describir “la necesidad y riesgo en que queda este pueblo a causa de sacar el Gobierno y tener consigo parte de los vecinos de él para ir a poblar y conquistar a otras partes y otros muchos vecinos estarse en Santiago del Estero sin mandarles vengan a sustentar sus vecindades, y nos deja aquí metidos en un fuerte con tanta necesidad y riesgo que no somos parte para salir a hacer más sementeras ni a conquistar los Indios, donde ha tres años y medio que estamos sin podernos poblar en el asiento que tenemos señalado para ciudad, y hémosle suplicado y avisado muchas veces nos envíe los vecinos de esta ciudad para ello, y no lo ha proveído; y cada día vamos a menos por esta causa, y pues le es tan importante el sustento y aumento de esta ciudad, es justo sea favorecida y amparada de V. A. cuya muy poderosa persona Nuestro Señor guarde con aumento de mayores Reinos y estados. Córdoba, 17 de Octubre de 1576.”
El traslado de los hombres del fuerte a la ciudad se haría recién al año siguiente. Gonzalo de Abreu continuó en su cargo hasta 1580. Nos consta que Córdoba atravesó aquella grave crisis y logró retener su población y multiplicarla, remontando en ocasiones cuestas empinadas, hacia un desarrollo notable.