La economía detrás del paro

Por Gabriela Origlia

El paro convocado para hoy por los gremios opositores tiene como consignas centrales la lucha contra la “caída del salario, la pérdida de empleo y la inflación” pero por detrás hay un abanico mucho más amplio que incluye, la eliminación del impuesto a las Ganancias, “un aumento justo” a los jubilados, reapertura de paritarias y el impulso de una ley para prohibir despidos y suspensiones por un año. Más allá de qué sectores paran y cuáles no en función de su cercanía al Gobierno lo cierto es que el punteado no le es indiferente a ninguno. Este año, como ninguno antes desde que en 2007 despuntó la inflación, el poder adquisitivo logrará –como mucho- un empate en la carrera con los precios. A esa situación se le suma que el gran bastión del kirchnerismo, la creación de puestos de trabajo, no sólo se frenó hace tres años sino que ya comenzaron los recortes propios de una recesión.
Es norma que, ante el riesgo del empleo, los gremios privilegien la estabilidad laboral sobre las subas salariales. El punto es que la aceleración de la inflación en los últimos dos años es determinante para que la defensa del poder adquisitivo cobre importancia. De seguro no tirarán de la cuerda para la reapertura de paritarias, sobre todo en los sectores complicados, pero no hay manera de tapar el sol con las manos: los precios terminarían el año con un alza cercana al 40% (alentada, sobre todo, por la decisión oficial de seguir emitiendo) y el promedio de los acuerdos salariales fue del 30%.
La tasa de desempleo del 7,5% (el Indec reconoció una suba en el último dato, de hace una semana) no es alta, pero tampoco refleja el estado de la economía. Desde hace tres años el sector privado no genera puestos de trabajo y los nuevos fueron todos creados por el Estado.  Por otro lado, la cantidad de gente que busca también cayó. En ese período, según los números de abeceb.com, en la industria se perdieron unos 25 mil puestos y en la construcción, entre 22 mil y 30 mil. Al escenario se agrega que 3,5 de cada diez trabajadores están en negro.
En el caso de Ganancias, el Gobierno argumenta su rechazo a hacer cambios en que, de introducirlos, afectaría el pago de la Asignación Universal por Hijo. No es así, porque tiene un alto número de partidas presupuestarias que podría recortar para equiparar. No lo hace porque es claro que echa mano a cualquier herramienta menos a un ajuste del gasto, incluso en áreas que no tienen impacto social. No sólo se trata de tocar el mínimo no imponible si no que mucho más importante es modificar las escalas. Hoy un trabajador soltero con salario bruto de $16 mil mensuales ($13.280 netos) perderá por el impuesto el 5,9% mientras que hace un año no era alcanzado y el máximo anterior hubiera sido en 2005, con el 2,5%.
Un estudio del Iaraf estima que por el impacto de la inflación los salarios perderán este año hasta el siete por ciento; y aquellos que tributan Ganancias tendrán un deterioro adicional de entre 2,6 y cinco puntos. Sumados implican una  caída en el ingreso real sería de entre el 9.6 y el 12 por ciento, según lo que cada trabajador cobre. Por ahora, el Gobierno habría prometido al gremio del transporte (para que no se sume al paro) modificaciones en el impuesto para ellos; un sector de los petroleros ya tiene ese esquema.
Entre los perdedores de este año, los jubilados nacionales encabezan la lista. Los dos aumentos anuales –establecidos por ley- de 11,31% en marzo y 17,21% el mes próximo, los deja lejos de mantener su poder adquisitivo (de por sí, muy bajo). Un trabajo del Cippes calcula que la mínima habrá perdido un 9% de su capacidad de compra respecto de setiembre de 2013.
El panorama hacia adelante no es alentador. Las estimaciones más optimistas creen que la economía crecerá cero este año mientras que en la otra punta hay quienes estiman una caída del PBI de hasta 2,5%. Los problemas del primer semestre no sólo no mejoran, sino que se profundizan. Sobran pesos, faltan dólares, la producción cae, las inversiones no llegan y el consumo baja.