Grito primal del pop

Por J.C. Maraddón
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ilustra 30 años sodaAsí, solito como se lo veía en ese momento, el primer disco de Soda Stéreo no parecía a simple vista ser un emblema de los buenos nuevos tiempos que se venían para el rock nacional. Una tapa que pretendía estar a la moda mostraba a los integrantes del trío dibujados, con sus jopos afterpunks y su gesto desafiante. El nombre del grupo en una tipografía amarilla y poco convencional aportaba su toque de modernidad al packaging.
Hoy se cumplen 30 años de aquel lanzamiento y, por supuesto, contamos para nuestra evaluación con la ventaja de conocer perfectamente cuáles fueron las consecuencias del emprendimiento que se hacía público ese 27 de agosto de 1984. Pero esta perspectiva nos debería ayudar a entender, en todo caso, cómo fue que aquel vinilo se transformó en la punta de lanza de una nueva generación rockera que iba a dominar la escena durante un largo periodo.
Y es que, más allá de la simpleza que aparentaba, el álbum “Soda Stéreo” conformaba una apuesta poderosa de esa camada joven que –una vez consolidada la primavera democrática- se haría cargo del timón del movimiento. Ese sonido fresco y desprejuiciado que proponía la banda representaba un contraste enorme con el legado de los años setenta, pleno de virtuosismos instrumentales y de “letras con mensaje”.
Junto a Cerati-Bosio-Alberti, los créditos consignaban la participación en teclados de de Daniel Melero, referente emblemático del pop argentino que extendería su sombra hacia el futuro gracias a su capacidad para vislumbrar lo que vendrá. Melero no solo aparecía allí como intérprete, sino que además aportaba su canción “Trátame suavemente”, una balada que iba a disfrutar de un añejamiento fantástico, cuando el paso del tiempo la consagrase como un clásico.
Y en la tarea de producción artística del disco debut de Soda Stéreo se desempeñó Federico Moura, el cantante y líder de la banda platense Virus, pionera para Argentina en la catequesis de la new wave y del desparpajo en escena. Además de la amistad que existía entre Moura y Gustavo Cerati, se evidenciaba una audible afinidad entre las propuestas artísticas de ambos músicos, que sintonizaban la misma frecuencia y lo dejaron traslucir en las 11 canciones que se distribuían a ambos lados del long play.
Todavía era notoria la influencia de The Police, que en Soda Stéreo afloraba hasta en lo más obvio: su condición de trío. El reciclado de cierta rítmica en tiempo de reggae, la lírica plena de ironía y los coritos de onomatopeyas a los que apelaba el terceto argentino reenviaban directamente hacia las huestes de Sting, que por esos años seguían reinando en el firmamento de la música mundial, aunque les quedara poco hilo en el carretel.
Después, con Gustavo Cerati como comandante, Soda Stéreo insistiría hasta encontrar su propio estilo, ese que sus fans todavía siguen adorando, como una especie de fetiche sonoro. El grupo abandonaría la herencia de Police y se atrevería a composiciones mucho más complejas, tanto en la música como en las letras, que se volvieron introspectivas y profundas. Sus miembros alcanzaron una madurez artística que los llevó bastante más allá de lo que podía pensarse en agosto del año 1984, cuando salió su primer disco.
Sin embargo, en el aniversario de aquel álbum, se impone la necesidad de rescatar ese grito primal que asumía la desfachatez del pop para desacartonar esa pose siempre grave de los rockeros autóctonos. A tres décadas de ese suceso, sabemos muy bien que aquel disco de apariencia inocua, trajo una preciada carga de disfrute y diversión para miles de personas, no solamente en Argentina, sino en muchos otros puntos del continente.