O facultarización o elecciones directas

Por Gabriel Osman
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SIN CONCURSO - UNIVERSIDAD
SIN CONCURSO – UNIVERSIDAD

La anterior sesión del Consejo Superior fue gris e intrascendente, como en general vienen siendo los debates en el organismo de gobierno de la UNC. El martes pasado dedicó una buena parte de la deliberación a discutir los problemas en la Franja de Gasa, de tanta incidencia sobre la vida académica e institucional en la Universidad como la derrota de Instituto sobre San Martín de San Juan el sábado a la noche.
Mientras el Superior elige esa agenda, siguen en comisión los proyectos de facultarización de Ciencias de la Información y la creación de la décimo quinta Facultad de la UNC: Ciencias Sociales, que agruparía la Escuela de Trabajo Social, el CEA y el IFAP. Hace mucho que presuntamente discuten pero al recinto no llega nada, habiendo pisado ya la gestión de Francisco Tamarit la segunda mitad de su mandato.
En 15 años se han creado tres Facultades: Lenguas, Psicología y, más recientemente, Artes. El caso de Psicología, con una Facultad para una sola carrera, es el que más se le parece a Ciencias de la Información. Un gasto administrativo importante sin ningún justificativo académico. Esto gravita en los lánguidos debates que se desarrollan en la comisión creada a los efectos de esta comisión especial porque, finalmente, los recursos, siempre escasos y en la crisis fiscal más que nunca, ya no tendrán que dividirse entre 13 sino entre 15.
Hace poco en estas páginas el ex rector Francisco Delich decía que lo veía a Tamarit concentrando su gestión en los político. Léase Facultarización y elecciones directas y ponderadas. Parecía decirlo casi con simpatía: el CEA es una creación suya y resultaría una de las instituciones elevadas de estatus en el proceso de rejerarquización.
El problema, tal vez inadvertido por Delich, es que la Facultarización y las elecciones directas ponderadas son antitéticas. O, si se prefiere, una de las dos está demás. Las creaciones de nuevas Facultades no son ni han sido neutras en los procesos electorales inmediatos posteriores. Para decirlo como a Tamarit le encanta pensarlo sin verbalizarlo: dos nuevas Facultades son otros 38 votos para la Asamblea de marzo de 2016 que debe reelegirlo a él o designar a su sucesor. En un cuerpo con 247 bancas, esos 38 votos pueden ser decisivos.
Si la facultarización no es para aumentar la oferta académica –como efectivamente quedó demostrado con las últimas tres creadas- ¿para qué sirve? Sirve para aumentar el poder electoral de quien impulsó su creación, que primero designa un decano normalizador y después incide decisivamente en la elección de su primer Consejo Directivo.
Dando por cierto esta presunción más que razonable, debe deducirse que con elecciones directas con doble ponderación –por claustros y por Facultad-, contar con 38 bancas más en Asamblea es inocuo. En otras palabras, en elecciones directas, la Asamblea Universitaria seguiría siendo el poder constituyente en la UNC pero no su cuerpo electoral. (No se debe descartar tampoco que la aplicación de un sistema electoral directo se aplique con efectos diferidos sobre la elección de 2019).
La evolución de los trabajos de la comisión especial ya referida y, más importante aún, su envío al recinto de Consejo Superior irán dando pistas sobre cuál de los dos proyectos es el que le interesa al oficialismo, que ya lleva tres ciclos en el Rectorado con elecciones indirectas.
Si como las versiones que circulan lo indican, avanzará más el proceso de facultarización que el de elecciones directas, los problemas no seguirán siendo menores para el oficialismo. Las universidades públicas ya no pasan –como tampoco su agente financiero, el Estado nacional- por la época dorada de grandes presupuestos, que le llevaron a la ex rectora Carolina Scotto derogar el misérrimo aporte que hacían los estudiantes a través de cooperadoras y asumir por cuenta propia esas erogaciones (extraacadémicas).
Se menciona a Ingeniería y Químicas (una de la oposición y la otra del oficialismo) como las primeras Facultades en poner reparos a la creación de nuevas unidades académicas. Son la punta visible del témpano pero hay más. Habrá que ver si todos dan la cara, porque lo más probable es que si el proyecto no prospera, nunca se llegue a la Asamblea Universitaria y muy probablemente tampoco se sepa. Apenas trascenderá que la iniciativa quedó sin mayoría.