Entre la “patriada” y el regreso a enero

Por Fernando Rosso
@RossoFer

DYN44.JPGEl uso político de la pelea con los fondos buitre por parte del gobierno e incluso la amplia aprobación de sus gestiones en ese terreno, es solo un aspecto de la realidad que no puede ser tomado por el todo. En el lado oscuro de la dudosa “patriada” están las consecuencias sobre la economía, que el gobierno pretende ocultar. No había terminado de ser anunciado por el fondo Aurelius, el muy probable fracaso de las negociaciones de los bancos privados internacionales (J.P. Morgan, el Citibank, HSBC y el Deutsche Bank) con los buitres, que ya empezaba una escalada del dólar “blue”, superando sus propios récords históricos. Y además comenzaban a enlentecerse las liquidaciones de los productos agrarios, por las expectativas devaluatorias que la escases de dólares genera: elaño pasado, más o menos a esta altura, los productores habían liquidado el 61% de la soja, 98% del trigo y 74% del maíz; en esta campaña (13/14) al 6 de agosto solo se había liquidado 52% de soja, 66% de trigo y 62% de maíz. Las especulaciones de los productores, lejos de la épica del “patria o buitres”, vuelven convertirse a factor de presión devaluatoria.
Es que el agotamiento del “modelo” se viene manifestando desde hace por lo menos tres años, a través de la denominada “restricción externa”. Esto es, escasez de dólares que se van y se fueron durante todos estos años, por el déficit en las importaciones industriales y el déficit energético (además de los pagos de deuda, la remisión de ganancias de las multinacionales y la fuga). Esto se intentó paliar con el “cepo” a las importaciones y al dólar (2011-2013) y finalmente con la devaluación y la política de enfriamiento de la economía vía aumento de las tasas de interés, en enero de este año. Pero la inflación persistente fue erosionando el efecto de la devaluación.
Para superar esta contradicción, el gobierno venía intentando solucionar (pagando) todos los conflictos con los organismos de crédito y “normalizar” su situación ante el capital financiero internacional (CIADI, Club de París, Repsol) y de esta manera conseguir dólares que le permitan superar la restricción y terminar su gobierno iniciando un nuevo ciclo de endeudamiento.
Pese a toda esta buena letra, carente por completo de epopeya patria, y de los jugosos acuerdos a favor de los acreedores, el fallo Griesa arruinó ese plan y si se mantiene esta situación. Veremos en los próximos meses la profundización de las tendencias al deterioro en la economía. Esto implica:
La continuidad de las tendencias recesivas y la pérdida de puestos de trabajo. Según la Encuesta de Indicadores Laborales que difunde el propio Ministerio de Trabajo, el informe trimestral indica que en los principales centros urbanos la evolución de los puestos de trabajo registrados en el sector privado cayó 0,3 por ciento entre mayo y junio. Las suspensiones (mide cada mil trabajadores) se incrementaron 5,8 puntos en el segundo trimestre, casi dos puntos por arriba del primero.
La pérdida del poder adquisitivo del salario frente a la inflación, este año estaría entre 5 y 10 puntos, y en ese marco el gobierno está decidido a mantener tanto el mínimo no imponible, como las escalas del impuesto al salario.
Imposibilidad, tanto para las empresas como para las provincias, de conseguir fondos vía endeudamiento y por lo tanto posibles aumentos de impuestos o recorte en obras. También es más difícil conseguir inversiones para YPF que permitan avanzar en achicar la brecha energética, aumentando la producción.
La persistencia de la inflación, cuando además se hacen sentir los aumentos tarifarios en servicios públicos. Vimos las quejas masivas por los grandes aumentos del gas en este invierno y se vienen otros tarifazos, como en la electricidad.
Más allá del uso político inmediato que el gobierno le está dando a la cuestión de los buitres, por lo menos hasta enero (excepto que haya antes un muy difícil acuerdo) se abre un escenario de mayor deterioro económico y social y por lo tanto de tendencias a una mayor conflictividad, y está inscripta en la situación la posibilidad de que el gobierno vuelva a perder el control y se encuentre ante un escenario como el que llevó a la devaluación de enero.
El gobierno sufre de las incoherencias entre el uso y abuso del relato encendido en la tribuna, que retoma cuando las circunstancias no le dejan otro camino, y su política real. Un verdadero enfrentamiento con los “buitres” requiere de medidas de ruptura mayores, no solo con el capital financiero internacional, sino también con los buitres industriales, agrarios y especulativos internos. La “audacia” de radicalizarse contra una minoría de los fondos buitres, mientras se subordina a los mandatos del resto, puede otorgar banderas políticas coyunturales, hasta que la (sin) razón de la economía imponga sus consecuencias, contra las que se necesita mucho más que sobreproducción de discurso.