Matronas y sirvientas, una historia de amor-odio

Por Víctor Ramés
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Serv Domest c¿Cómo se hacía presente el servicio doméstico en la mentalidad de la Córdoba de los años en que sus resabios coloniales mudaron hasta convertirla en una pujante capital provinciana? Ese tipo de servicio que era prestado en el centro de la intimidad familiar, en una convivencia estrecha y diferenciada, produjo en torno un complejo de problemáticas a las que no eran ajenas las formas encubiertas de la esclavitud, el desprecio de clase, la explotación, la discriminación, los juicios moralizadores, la desconfianza y el control de las trabajadoras domésticas. Era un tipo de trabajo entretejido en prácticas sociales, procesos culturales, intereses económicos y políticas institucionales.
Temas como el robo de dinero y de objetos; casos de asesinato de patronas por sus sirvientas; o la promiscuidad con los varones de la familia, eran algunos de los tópicos que ardían en la superficie de una mentalidad presta a generalizar casos particulares, y a reforzar los prejuicios de clase preexistentes. Un juicio lapidario atribuido por el diario católico Los Principios de 1895, deduce que la escasez de empleadas domésticas se debe al hecho de que muchas preferían “comerciar con su honra”. Ese tópico reaparece en 1917 en Félix Garzón Maceda, quien afirma en su libro “La medicina en Córdoba: apuntes para su historia”, que una de las causas de la prostitución ejercida por sirvientas era la cotidianidad doméstica que aproximaba en demasía a patrones y empleadas.
También se oyeron y leyeron voces que intentaron equilibrar en la mentalidad social el juicio negativo o el prejuicio que imprimía en el imaginario de la clase burguesa y distinguida cordobesa el servicio doméstico. Véase por ejemplo las palabras de Juan Bialet Massé en 1904,en su Informe sobre el estado de las clases obreras argentinas al referirse a quienes “llenan las funciones más nobles, más elevadas, más íntimas, auxiliando a todos los hombres de arte, de ciencia, de justicia, a todas las clases sociales, para que les quede tiempo para llenar sus funciones sociales y de familia, para que puedan gozar los placeres esenciales para la vida, y todavía que comparten con las madres o las substituyen en la lactancia.” La mirada de este burgués con conciencia social reconoce con ternura a “las niñeras que nos llevaron en sus brazos y llevan a nuestros hijos, cuidándolos y evitándoles a ellos mismos muchos accidentes y dolores”.
También su descripción de las modalidades de este servicio permite visualizar residuos patriarcales y señoriales, cuando señala como plagas a “las chinitas criadas en las casas”. Dice Bialet que “las mujeres de pueblo dan sus hijos como se puede dar un cachorro. Las señoras tienen cuidado más o menos cariñoso con estas muchachas, las crían y algunas que salen buenas llegan a considerarse parte de la familia. Pero lo que sucede es que generalmente no salen buenas, y que algunas señoras que considerarían una enormidad dar un golpe a sus hijas, creen que la chinita es de otra carne y no le menudean los castigos”. También trae a colación Bialet Massé al “entrevero con los niños de la casa, en el que la chinita es natural que nunca tiene razón, y otras consecuencias que fácilmente se adivinan, que son el resultado de este resto detestable de la esclavitud.”
En esa descripción del médico, abogado y empresario español se sintetizan varios de los conflictos que se desprendían del tipo particular de trabajo y sobre todo de las condiciones en que el mismo se prestaba. Queda por citar la afirmación de Bialet de que “sería injusto no reconocer que entre esas criadas las hay que son el tipo de la fidelidad, de la abnegación y del trabajo”.
Los diarios cordobeses de pocos años antes, como es el caso de Los Principios de enero de 1898, aportan su enfoque al tema, al comentar un proyecto dado a conocer por la municipalidad de la ciudad de Buenos Aires, “que ha de ser aplicado para reportar los beneficios de orden moral y material que debe esperarse de un servicio doméstico como corresponde y tenemos derecho a exigirlo”. Sin revelar el contenido del proyecto, Los Principios aconseja la aplicación de uno similar en Córdoba: “Interróguese a nuestras matronas y sin excepción, en términos plebiscitarios, contestarán con un sí robusto y unánime. Cuanto antes, agregarán”, afirma la publicación.
En los mismos días, La Libertad expone con más claridad dicho proyecto de reglamentar el servicio doméstico, el cual se basa en “la circunstancia de que en varias ocasiones bajo las apariencias de un sirviente se han introducido ladrones a las casas de familia. Y de este antecedente se ha sacado como regla universal, este principio: «todos los patrones son unos santos varones; todos los sirvientes son una cáfila de perversos, una legión de demonios»”. El diario radical no comulga con ese enfoque, y se pliega a la opinión del porteño Diario del Comercio, revelando el espíritu de la reglamentación aludida: “Esa reglamentación, dice, que impone el deber de suministrar a la autoridad informes acerca de los sirvientes que cada cual ha tenido en su casa, es sumamente peligrosa, expuesta a errores casi irreparables, y contraria al espíritu de nuestras leyes. Bastaría esto último, «ser contraria al espíritu de nuestras leyes», para que la reglamentación proyectada mereciera la reprobación general.”