La solución, gasto y emisión

Por Gabriela Origlia

2014-08-10CRISTINA-KICILLOF_webEl Gobierno nacional encontró en la pelea con los buitres la posibilidad de retomar la iniciativa política. Se siente cómodo en la pelea, en la confrontación y –en este tema- esa actitud le generó una mejora en las encuestas. Ese estandarte sirve, incluso, para explicar situaciones que no tienen ninguna relación con el default selectivo como es la incertidumbre, las expectativas negativas, el parate de la economía, la inflación o el déficit fiscal. El combate en Nueva York podrá profundizarlos, pero no los originó.
Las medidas del Gobierno en las últimas semanas –la ampliación de $ 200 mil millones del gasto para este año por decreto y los anuncios de la Presidenta del viernes- señalan que las “soluciones” a los problemas irán por el camino del mayor gasto público y la aceleración de la emisión. La misma receta que en 2009 pero en un contexto absolutamente diferente. En ese entonces era otra la billetera y había una crisis mundial.
Hoy el congelamiento de la actividad responde a causas endógenas. El mundo crece al 2,5% este año y el comercio internacional mejora el 4%; hace cinco años caía al 2% y el intercambio se reducía el 14%. Para completar, la cosecha argentina en 2009 fue mala y esta vez es excelente. Las perspectivas para la Argentina, en cambio, no son buenas ni para lo que resta del 2014 ni para el próximo año. La expectativa es una economía planchada y mirando con esperanzas (y proyectos) el cambio de gestión.
La decisión del Gobierno de inundar de pesos el mercado podría, incluso, empujar de nuevo la inflación y hacer que el índice del 2% de julio sea uno de los más bajos del año. El punto es que, sobre la actividad, el efecto será casi nulo. Los anuncios para contener la caída del empleo suman US$ 300 millones, una cifra irrisoria para salir de la recesión. Pero, junto a la ampliación presupuestaria llevarán el rojo fiscal a más del 5% del PBI. El claro fin de una de las “patas” del modelo alentado por Néstor Kirchner. Ya se sabe que la política monetaria sola no alcanza para equilibrar la situación; en el primer semestre el Central absorbió miles de millones de pesos con colocaciones y le será complicado mantener el ritmo en esta última parte del año, cuando más recursos necesita.
Mientras el gasto sigue aumentando a tasas superiores al 40% interanual no hay ni siquiera una señal de que se recortarán algunos rubros que nada tienen que ver con sostener la economía, como es la publicidad o partidas destinadas a erogaciones operativas que se duplicaron en la última década.
Cristina Fernández y Axel Kicillof insisten en que el Gobierno no necesita un peso. No es así. Ellos mismos dieron varios de los pasos necesarios para salir a buscar dólares al mundo; después les apareció la piedra de la Corte de Estados Unidos y les cambió los planes. Y si no necesita crédito es porque tienen la maquinita de imprimir billetes, una herramienta que les falta a los gobernadores y a las empresas. Sin ingreso de capitales no hay chances ciertas y sustentables de salir de esta siesta. Y la desconfianza para que no entren arrancó mucho antes de que Griesa metiera la cola. Cuando el oficialismo modificó el cálculo de las cuentas nacionales –en acuerdo con el FMI- se transparentó que la inversión no era del 22 o 23 por ciento del PBI sino de entre el 16 y el 17 por ciento. Insuficiente para sostener el desarrollo.
Mientras la Nación practica su juego, en Córdoba el gobernador José Manuel de la Sota coquetea con un discurso de campaña al que desmiente diciendo que sólo habla del país que le “gustaría tener”. Su ministro Ángel Elettore reconoció que hay luces amarillas en el horizonte ya que la menor actividad impactaría en la recaudación. Acá en vez del mundo se cae encima el país. Aunque las herramientas provinciales son limitadas, también hay espacio para achicar el gasto y para gestionar con la mayor eficiencia posible.