Cómo aprovechar las relaciones con China y no ser avasallados por el gigante

Por Oscar Agost Carreño*

BOUDOU-XI JINPING-ARGENTINA-CHINARecientemente el presidente chino Xi Jinping visitó la Argentina, en el marco de la gira que emprendió el número uno del gigante asiático por distintos países latinoamericanos. Aún muchos recordarán las promesas incumplidas del tren de alta velocidad, de multimillonarios créditos e inversiones chinas en Argentina, que el gobierno nacional hizo tras las últimas visitas de los líderes del gobierno de la República Popular. Al respecto vale la pena reparar que China cumplió con invertir en Argentina y en prácticamente todos los países de América del Sur, pero lo hizo solo en aquellos sectores que estratégicamente le interesan a esa potencia. Por ello, los sudamericanos debemos ser inteligentes para que esta visita de Xi Jinping y las futuras relaciones con China den, como resultado, negocios e inversiones que estratégicamente sean de utilidad para ambas partes.
La República Popular China tiene efectivamente varios intereses para establecer fuertes lazos con la Argentina y con todos los países de América del Sur (comercializar sus manufacturas, propiciar la estabilidad regional, reducir el poder de Estados Unidos incrementando la multipolaridad mundial), pero el principal es aprovechar que esas naciones son prácticamente una inagotable fuente de materias primas, muy útiles y necesarias para asegurar el abastecimiento de la enorme población china y su creciente producción industrial. Incluso, para poder cumplir con esa finalidad, China ha tenido un interés más que ha sido positivo en cierta manera para Sudamérica, este es la realización de inversiones para la producción de recursos naturales y la infraestructura.
El problema para los países sudamericanos es que, al no agregarse prácticamente nada de valor agregado a la mayoría de los productos que se exportan a China, a la postre, la parte más beneficiada de la relación sería China, y no tanto las economías sudamericanas.
Siendo ambas partes (América del Sur y China), economías en vías de desarrollo, la realidad nos ha demostrado que el gigante asiático es la parte ganadora de las relaciones sino-sudamericanas, porque es la que marca, con sus necesidades, el ritmo de los negocios; por un lado se abastece de alimentos para la población más grande del mundo (y que crece constantemente), pero también es una economía que crece como potencia industrial, y que produce manufacturas con las materias primas que extrae de otras regiones en vías de desarrollo, agregándole valor, y permitiéndose comerciar sus productos, no solo con las grandes potencias, sino también con los mismos países de donde extrae sus materias primas.
También China gana al invertir en infraestructura en Sudamérica, puesto que ello le es indispensable para la extracción y transporte de recursos, pero también le genera mayores ingresos en la mayoría de los casos. Resulta importante advertir que muy pocas obras de envergadura las hace China en Sudamérica sin contraprestación alguna. La mayoría de las obras son inversiones a largo plazo, se trata de préstamos (de los cuales muchos son pagaderos en petróleo u otros recursos naturales valiosos), de licitaciones o contrataciones (que en muchos casos además de cobrar las obras, se asegura China la explotación de los servicios para los que se crean las obras, incluso la provisión de repuestos e insumos en muchos casos).
La creciente demanda de China por materias primas sudamericanas constituye hoy una base estable que genera en los países de la región, muchas expectativas sobre el crecimiento sostenido de sus exportaciones a Oriente. Pero también las naciones sudamericanas, en forma aislada, ven esa situación como muy positiva para sus economías. Pero esa visión es bastante peligrosa para América del Sur, porque no se está teniendo en cuenta la transformación del modelo de desarrollo que China viene llevando adelante en el marco de su acelerado crecimiento. La referida transformación debe ser advertida por los gobiernos regionales, puesto que la misma tiene profundas implicaciones para ellas, ya que impactará sobre los precios de las materias primas los términos de intercambios futuros, sobre los ingresos reales de la población y sobre los ingresos de los gobiernos. Y el impacto estará potenciado además, por el hecho de que no existe una clara estrategia de desarrollo en la región, mas sí en algunos países en forma aislada.
La crisis global de 2008-2009, como contexto de su crecimiento, ha obligado a China a rever su política económica y a realizar ciertos ajustes macro y microeconómicos. Muchos de ellos han significado menores intercambios con Sudamérica. No todos los gobiernos sudamericanos han advertido estos cambios, haciendo sus propios ajustes, lo que puede generar algunos efectos negativos en la región.
No debemos olvidar la especulación que ha generado China en América del Sur, lo que no solo generó el crecimiento de las compras de materias primas por parte de China, sino también el alza de los precios de esos productos a nivel mundial. Pero para que las naciones sudamericanas no se resientan económicamente con los ajustes que la política estratégica que China implemente, es necesaria una política homogénea de planificación regional, lo que hoy en día parece ser una utopía para América del Sur.
En la actualidad, las abundantes materias primas que produce Argentina y los demás países de Sudamérica y las infraestructuras para optimizar su transporte a Oriente se han convertido en un objetivo estratégico de la República Popular China hacia los principales países productores de alimentos y materias primas.
Esto no necesariamente son buenas noticias para Sudamérica, o mejor dicho, no lo serán si esta región no cambia de actitud en la forma de relacionarse con la potencia asiática.
Así es que, hasta tanto América del Sur, como región, no logre tener una política estratégica común para relacionarse con el gigante asiático, difícilmente estará en condiciones de sacar tanto provecho de sus relaciones con China, como lo hace esa potencia con el subcontinente sudamericano.

(*)Abogado (Universidad Nacional de Córdoba) – Máster Internacional en Cultura, Sociedad y Economía de China e India (Universidad de Alcalá de Henares de España)