Prioridad de tribus K tras la renuncia de Scotto: evitar fuga o dispersión

Por Gabriel Osman
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ilustra scotto pinochoEl estado natural del kirchnerismo en Córdoba ha sido la dispersión. Siempre se habló de “tribus K”, una expresión feliz por la puntería con que describe la existencia de discretos tinglados como remedo de una sólida estructura. La aparición de Carolina Scotto en el firmamento K pareció insinuar la posibilidad de que existiera un centro de gravedad que salvara esta figura de archipiélago, y las elecciones legislativas de octubre apuntalaron esta percepción.
Pero nada de esto resultó certero tras la prematura renuncia de Scotto, que si bien asumió el 10 de diciembre de 2013, comenzó a trabajar en el Congreso desde el 1 de marzo. Es decir, lo correcto para remarcar el carácter prematuro de su renuncia, es que estuvo cinco meses en el cargo. Ahora, la prioridad de las organizaciones K es evitar una mayor dispersión o directamente la fuga de cuadros en una migración interna o, peor aún, hacia otras organizaciones con adscripciones políticas distintas. Para septiembre, el grupo de Scotto había organizado un encuentro que, por imperio del nuevo escenario, sería adelantado para tratar desesperadamente de evitar su fragmentación.
Será una tarea ímproba, si es que se realiza, porque es muy probable que en este caso, como en otros, actúen simplemente la fuerza gravitacional. Por lo pronto, el desencanto es completo. “No estamos conformes porque ni siquiera lo discutió con nosotros”, dijo uno de sus principales hombres colocado por ella en un muy expectante cargo en la administración de Francisco Tamarit en la UNC. Otros, fuera de la Universidad, que prefirieron el anonimato completo, fueron previsiblemente más cáusticos, y hablan directamente de “fraude”. Ni hablar del lote de asesores o en cargos similares en el Congreso, que quedan directamente en banda.
Seguro que cuando Scotto hable con ellos explicará los motivos reales de su renuncia, que no son, obviamente, “personales”. Scotto no dice la verdad, y más o menos lo reconoció cuando sostuvo, ante la insistencia periodística, que la invocación de “razones personales” es una prerrogativa para omitir detalles.
El rector Tamarit ha dicho que su predecesora tiene “abiertas las puertas de la Universidad”. Es sincero en esta afirmación, aunque no se trata de ninguna merced que le concede a su ex esposa: ella tiene el cargo, por concurso, de titular de Filosofía Contemporánea en la carrera de Filosofía y si regresa es haciendo uso de sus derechos.
Nada dijo en cambio Tamarit de las puertas que eventualmente se le abran para reinsertarse en la política universitaria. Prescriptos los afectos personales, Tamarit tiene, adicionalmente, suficientemente acreditado por méritos propios –superando incluso el proceso de desconstrucción del grupo oficialista Cambio Universitario que timoneo la propia ex rectora- su triunfo en la Asamblea Universitaria de marzo de 2013. En este terreno, lo más probable es que las puertas se entornen.
Scotto ha pedido que no tomen su decisión “como un acto de irresponsabilidad”, precisamente porque de eso se trata. En política se perdonan muchos pecados pero lo único imprescriptible para el poder es renunciar a él.
El tiempo dirá qué será de esta mujer que esconde detrás de modos afables y voz sedosa mucha ambición de poder. Muchos de su entorno dicen que, tras su buena elección de octubre pasado, aspiraba a la Gobernación, algo que ya no podrá desde la estructura y el financiamiento del kirchnerismo.
Su intención era probablemente, como en muchos otros casos, utilizar la banca como trampolín o playa de estacionamiento para sus proyectos más empinados. Lo más seguro es que comprobó que no iba a tener el rol expectable que requerían sus expectativas. En particular, la nula disposición para darle espacio de la presidente de la bancada del FpV, Juliana Di Tullio, y que todos sus títulos, si realmente tienen los quilates que ella presume, no cotizan en las diputas crudas de espacios de poder, menos en la realpolitik del kirchnerismo.