¿Está todo estudiado?

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Por Daniel V. González

Uno tenía derecho a esperar un discurso más elaborado, impregnado de novedades y razonamientos originales. Pero no fue así: Kicillof repitió nuevamente todas y cada una de las cosas ya conocidas acerca de la negociación con los fondos especulativos.
¿Qué dijo? Muy sencillo:

  1. Que Argentina no puede pagarles a los fondos ni un peso más que lo abonado a quienes entraron en el canje de la deuda.
  2. Que si lo hace, inmediatamente se dispara la cláusula RUFO (incluida por el propio gobierno en los nuevos títulos) y, de ese modo, podrán reclamar al país los bonistas que ya arreglaron en 2005 y en 2010, y la deuda se dispararía a una cifra de entre 120.000 y 500.000 millones de dólares. Esta última cifra “según cálculos privados” (¿puede un ministro hablar de “cálculos privados”?).
  3. Por este motivo, el gobierno decidió pedir un “stay” (cautelar) para poder pagarles a los bonistas que ya arreglaron el vencimiento que operó el 30 de junio pasado. Esto no ha sido aceptado ni por el Juez Griesa ni por los demandantes.
  4. En consecuencia el gobierno, para proteger los intereses nacionales, decidió no acatar el fallo de la Justicia de los Estados Unidos.
  5. Para el gobierno argentino, el país no estaría incurso en default pues recientemente ha pagado en forma adelantada la cuota al Club de París y, además, giró hace un mes los fondos para el vencimiento correspondiente a los bonistas que entraron en el canje.

Por este motivo, el gobierno decidió pedir un “stay” (cautelar) para poder pagarles a los bonistas que ya arreglaron el vencimiento que operó el 30 de junio pasado. Esto no ha sido aceptado ni por el Juez Griesa ni por los demandantes.
En consecuencia el gobierno, para proteger los intereses nacionales, decidió no acatar el fallo de la Justicia de los Estados Unidos.
Para el gobierno argentino, el país no estaría incurso en default pues recientemente ha pagado en forma adelantada la cuota al Club de París y, además, giró hace un mes los fondos para el vencimiento correspondiente a los bonistas que entraron en el canje.



Este conjunto de datos explicados minuciosamente por el ministro de Economía en el consulado argentino en Nueva York, son información conocida desde hace más de un mes, en el momento en que la Corte de Nueva York decidió no tomar el caso argentino.
Si el ministro efectivamente pensó que los holdouts aceptarían cobrar la misma cifra que los bonistas que arreglaron en 2005 y 2010, peca de ingenuo o subestima la capacidad de discernimiento de los acreedores. Porque hay que recordar cómo fueron las cosas:
Argentina dejó de pagar su deuda en 2001. El Adolfo, eufórico, lo anunció a la Asamblea Legislativa y todos aplaudieron, felices.
Néstor Kirchner y Roberto Lavagna renegociaron la deuda. En realidad esto es un eufemismo para no decir que les hicimos a los bonistas una propuesta que no pudieron rehusar: o cobraban el 30% del capital, a plazos, o no cobraban nada.
El 92,4% aceptó. El 7,6% no aceptó. Dentro de ese 7,6% hay un 1% (del total de deuda) que pertenecen a los fondos especulativos llamados “buitres”, que realizan una operación riesgosa pero perfectamente legal: compran bonos en default y concurren a los tribunales correspondientes a intentar cobrarlos por la vía judicial.
Los fondos fueron a la justicia de Nueva York y Argentina también. Pensábamos que íbamos a ganar. Que íbamos a contar con la protección de la Justicia norteamericana o bien del gobierno de los Estados Unidos. No ocurrió ni una cosa ni la otra. Griesa falló en nuestra contra. Apelamos. Volvimos a perder. Luego, además, la Corte no tomó nuestro caso. El fallo quedó definitivo.
En este contexto, resulta infantil ofrecer, a los que ganaron el juicio, lo mismo que les ofrecimos al comienzo y que ellos no aceptaron. Ahora tienen el fallo a favor. ¿Por qué habrían de allanarse una propuesta que les resulta razonablemente ridícula?

¿Default o no?
La pregunta del millón es si Argentina entró o no en default. Pero eso no es significativo pues las negociaciones pueden continuar y la situación puede revertirse de un día para otro.
Al cierre de estas líneas circulaba información acerca de que el acuerdo entre un grupo de bancos nacionales y los holdouts era inminente. Si esta información fuera veraz, sería perfectamente compatible con el discurso del ministro Kicillof.
En efecto, el ministro dice: “no logramos un acuerdo”. Si aparece una negociación exitosa entre los bancos y los holdouts, sería “un acuerdo entre privados”, entonces la cláusula RUFO no se dispararía o bien Argentina contaría con sólidos argumentos para defenderse en caso de que alguien pidiera su aplicación.
Con este acuerdo “entre particulares”, los fondos que el país giró para afrontar el vencimiento del 30 de junio, quedarían nuevamente aptos para ser girados a los bonistas que entraron en el canje. Y todo quedaría concluido, por el momento. Los fondos especulativos que hicieron el juicio quedarían satisfechos y los bonistas cobrarían la cuota que venció hace un mes y, además, no tendrían derecho a ningún reclamo vía RUFO.
Ahora bien, en ese caso quedaría pendiente de pagar a los bonistas que no entraron en el canje pero que todavía no fueron a la justicia. Se trata de una suma que oscilaría entre los 15.000 y 20.000 millones de dólares. Todo indicaría que estos holdouts no tendrían problemas en lograr un fallo favorable, similar al producido por Griesa. Pero eso les llevará algunos meses. Y quizá sea el próximo gobierno el que deba negociar y, por supuesto, afrontar el pago.
Para el gobierno, el país no está en default porque hemos pagado al Club de París y hemos girado el pago para los bonistas, aunque este pago no haya llegado a ellos por determinación del Juez Griesa. Para el mediador designado por el tribunal, Daniel Pollack, es inminente que Argentina caiga en default.
Los inconvenientes que produciría al país una caída en default no se harán evidentes en forma inmediata y explosiva sino a lo largo del tiempo: mengua de inversiones, desconfianza generalizada de potenciales interesados en radicaciones, falta de acceso al mercado de capitales, etc. Es probable que el gobierno, al que le quedan apenas 500 días en el poder, piense que en un plazo tan breve, estos efectos serán imperceptibles y que, en consecuencia, convenga abrazarse a la bandera del “patriotismo” y el “anti imperialismo” y conservar por esa vía, un jirón de apoyo político.
Así están las cosas ahora. En las próximas horas puede haber algunos cambios importantes si es que los bancos logran finalmente algún acuerdo con los holdouts. Si no, para el resto del mundo estaremos en default aunque la presidenta reclame otra palabra para denominar la situación del país.