Cada uno con su bandera

Por Gabriela Origlia

axel kicillof 001Aunque sea por unas horas (si finalmente hay acuerdo entre los banqueros y los buitres), Argentina entró nuevamente en default. Más allá de la preocupación semántica del Gobierno por cómo llamar a la situación, lo cierto es que si los bonistas no reciben el dinero –por más que Argentina lo haya depositado- ese es el hecho.  Será “raro” pero es default.
Si el plan B que los bancos privados están llevando adelante no llega a buen puerto, Argentina seguirá así hasta enero de 2015, cuando expire la cláusula Rufo. Ese no es el riesgo mayor porque, en definitiva, la situación general actual no cambiará mucho.

El riesgo es que otros bonistas pidan la aceleración de los títulos en su poder. Es decir, que quieran cobrarlos de inmediato.  Para los expertos la luz amarilla se enciende particularmente con los bonos pares, que son unos US$ 6 mil millones. Argentina, en ese caso, tendría 60 días para resolver el tema.
Mientras tanto, el Gobierno mantiene en alto sus banderas: no ofreció nada, agrandó –a criterio de algunos expertos- la posibilidad de que la Rufo se dispare, y en cada foro internacional y ante cada cámara planteó que no se dejará extorsionar ni firmará “cualquier cosa”. Si hay una solución “privada” –que Axel Kicillof no descartó- no pasó por manos del Estado. Es poco creíble que el Gobierno no conozca la propuesta que Adeba le llevó a los buitres, sobre todo cuando hay quienes señalan a Jorge Capitanich detrás de la movida que, después, terminó siendo articulada a instancias de Jorge Brito.
Los funcionarios mantienen sus críticas –en buena medida ciertas- a los fallos judiciales estadounidenses. Pero esa fue la ley a la que el ex presidente Néstor Kirchner decidió someterse cuando instrumentó el canje. ¿Por qué? Porque la Justicia argentina es poco fiable para los inversores internacionales. Kicillof también enrostró que desde 2003 Argentina pagó US$ 190 mil millones sin créditos internacionales. “No los necesitamos”, dijo. La situación cambió, sino él no hubiera acordado con el Club de París, con varias de las empresas que fueron al Ciadi y hasta con el Fondo por el nuevo índice de inflación.