Mundial, museos y pelotas: escenas de la batalla cultural

Por Fernando Rosso
@RossoFer

2014-07-17BEATRIZSARLO_web (1)Alrededor de las lecturas del mundial y sus actos volvió a desarrollarse la “lucha de clases… medias” en la aburrida batalla cultural del escenario intelectual argentino.
La intervención de Beatriz Sarlo en el programa “Desde el llano” (TN, lunes 14/07) fue un aporte de antología a la tradición liberal-elitista y su “crítica cultural”.
Sarlo criticó, indignada, que durante la final de la copa del mundo -disputada entre los seleccionados argentino y alemán- los museos habían permanecido cerrados en Buenos Aires. Se tomó el trabajo de llamar a sus amigos de Alemania para comprobar que allí no se producía tremendo acto de barbarie. Y se informó de que en Brasil, por orden de Petrobras, los museos habían seguido civilizadamente abiertos.
Además nos ilustró con la que, para ella, fue “una de las fotos más lindas que dejó el mundial”. ¿La palomita de Van Persie o el voleo de James al ángulo después pararla de pecho, afuera del área y rodeado de cinco uruguayos?, no exactamente. “La foto más linda” fue el Empire State Building, pintado con luces de colores de la bandera alemana. Se enoja Sarlo y reclama porque esta imagen tan bonita no salió en los diarios argentinos. Pregunta retóricamente y acusa: “¿qué es este retaceo de la información?” Quizá no tomó nota en su registro de que el Cristo Redentor de Río de Janeiro, ubicado cerca del Maracaná donde se jugó la final, también se pintó con los colores alemanes apenas terminado el partido, para volver a adornarse con los de la verdeamarela minutos después. Le habrá parecido muy “sudaca” esa foto, poco bonita, carente de la belleza elogiosa que merecen los imponentes monumentos de los centros imperiales, cosa de negros… bah! Pero, para coronar su “crítica”, nos informa que Messi no fue el mejor jugador del mundial sino, literalmente, un perro -y no precisamente en el sentido del muy buen relato de Hernán Casciari, “Messi es un perro”, que circuló en estos días. Ninguna duda cabe de esto si el simple fundamento de la afirmación sale de lo que opinan el 97% de los lectores de la revista L’equipe de Francia. Parece que a los viajes europeos de la intelectualidad argentina, que van desde el “colonial” al “estético”, según la famosa descripción de Viñas, hay que agregarle el “viaje futbolístico”, para ir hasta el centro mismo de París, a buscar la verdad trascendental de nuestro fútbol.
De todo esto, Sarlo saca la conclusión de que somos un país “raro”, para decirlo diplomáticamente, en público y por la TV; en su casa y entre amigos, seguramente, lo calificará de otra manera.
Por supuesto que existen los contratos de la FIFA para los balones de oro y no son “mejores” las iluminaciones de unos monumentos en relación a los otros, de los que incluso también puede haber un uso político (basta mirar a De la Sota y sus luminosas aguas danzantes en el “Paseo del Buen Pastor”, que encubren la historia sufrida y oscura de una vieja cárcel de mujeres). Lo que queremos destacar aquí es la “sensibilidad”, incluso estética -no ajena en este caso a la política- o la particular “autoridad” convocada por Sarlo para evaluar el desempeño futbolístico de “el perro”, que confirman su meridiana ignorancia en la materia.
Para los “Nac&Pop”, Beatriz Sarlo reencarnó al mismísimo “Mordisquito”, aquel personaje de Discépolo en su obra “¡A mí no me la vas a contar!” (1951). El que protestaba mucho bajo el gobierno del primer peronismo “¿Y por qué protestás? ¡Ah, no hay té de Ceilán!”. Y en parte, la intelectual “social-liberal” (cada vez menos “social” y cada vez más liberal), hizo con su crítica a los museos “atrozmente cerrados”, el papel de un “mordisquito” a la medida del kirchnerismo; tan paródico y farsesco como este gobierno con respecto al primer peronismo. Se la dejó “servida” para que emerja un gran debate nacional que vuelva a enfrentar a un clásico: el de la clase media liberal vs. la clase media populista, esta vez alrededor de museos y pelotas.
El famoso texto de Viñas “Borges y Perón” describe qué tienen de común los liberales y los populistas, representados por ambos: “En uno y en otro se asiste a una evacuación del sufrimiento y del drama inherentes a la vida cotidiana: evacuación que resulta, en el texto borgeano, de su oposición al “Centro” trágico y deslumbrante, y en los documentos de Perón, de su necesidad de borrar todo lo que implica un cuestionamiento”. El drama y sufrimiento inherentes a la vida cotidiana, están afuera de esta nueva escena de “lucha de clases…medias”.
Hubo dos represiones a trabajadores que pelean por sus fuentes de trabajo (Lear y Emfer) “evacuadas” en esta batalla cultural. Además de otras evacuaciones, como los miles de suspendidos o los que se están quedando sin trabajo. Inclusive, los desmanes y la represión posterior en los “festejos” del sub-campeonato y que develan que hay un subsuelo de la patria “disponible” para las mafias de las hinchadas, íntimamente ligadas a dirigentes políticos, después de una década ganada. Y esto para hablar de los últimos acontecimientos de una historia de ajustes, inflación, tarifazos, aumento de la pobreza y carrera vertiginosa colmada de entregas nacionales en el último periodo.
El cierre de museos, seguramente, fue otras de las tantas estupideces del kirchnerismo, tales como el espectáculo mal actuado de CFK con los jugadores que, en la mayoría de los casos, tenían cara de querer estar en cualquier otro lado menos ahí. Este montaje y un impostado clima de “unidad” nacional, fueron un mal intento de “evacuar” los problemas importantes.
Sarlo actúa voluntariamente de “Mordisquito” no en el apogeo del “1951” de los años kirchneristas, sino en los momentos más restauracionistas de su fin de ciclo y su decadencia. No cuando, por las condiciones excepcionales que permitieron los primeros años de concesiones del peronismo original, Discépolo podía escribir “Leche hay, leche sobra; tus hijos, que alguna vez miraban la nata por turno, ahora pueden irse a la escuela con la vaca puesta”. Sino, en las épocas de vacas flacas y ajenas. Cuando el gobierno comienza voluntariamente a entregárselas al Club de París, e incluso a los “buitres” y a las multinacionales a las que les regaló la devaluación, el ajuste indiscutible y les permite los despidos masivos.
Hablar del té de Ceilán o de los museos desalmadamente cerrados, es un gran favor al kirchnerismo. Es ofrecerse como el mordisquito a los discépolos del fin de ciclo.
La nueva intelectualidad crítica, deberá superar a estas dos tradiciones decadentes y funcionales al sostenimiento de un orden social declinante; y ubicarse como agentes de la emergencia y no de evacuación del drama y sufrimiento inherentes a la vida cotidiana.