“La corrupción sola no desencadena resultados electorales”

ENTREVISTA: CARLOS BECERRA



Por Jorge Camarasa

DPP_0006Una vieja casa de barrio, reciclada y amplia, en la cuadra del 1400 de la calle 9 de Julio.

En el celular del dueño, el ringtoneque suena es la Marcha Radical. Pero aunque fuera La Marsellesa, uno no tendría cómo confundirse: de las paredes del estudio cuelgan fotos donde se lo ve con Raúl Alfonsín, Eduardo Angeloz, César Jaroslavsky, Víctor Martínez, José Zavalía, Leopoldo Moreau, Federico Storani… Hay  retratos de Hipólito Irigoyen y la imagen canónica de Fernando De la Rúa con la banda presidencial, y en un lugar destacado, a la derecha apenas se entra a la oficina, otra foto donde está con Enrique “Coti” Nosiglia.

Es que desde 1983, cuando asumió como diputado nacional por el radicalismo de Córdoba, Carlos Becerra (65, abogado por la universidad nacional; dos hijos y una nieta) fue Secretario General de la Presidencia con Alfonsín, y luego, con De la Rúa, otra vez Secretario General, luego viceministro del Interior, y finalmente secretario de Inteligencia.

-Funcionario con Alfonsín y después con De la Rúa: o sea que tuvo que irse antes dos veces, usted.

-Si… Nuestra generación fue muy particular: entre 1967, cuando me recibí en el Montserrat y empecé a militar, y 1983, fueron casi diecisiete años de lucha por la democracia. No teníamos ninguna experiencia de gestión, y al principio era cosa de ensayo y error. Por eso digo que ahora las nuevas generaciones que llegan a la política tienen la obligación de ser mejores que nosotros. No tuvieron que luchar contra las dictaduras, eso por suerte se terminó.

-Pero los nuevos políticos, a veces, parece que de nuevo empiezan desde cero.

-Y bueno, sí… Baldassi es un buen árbitro y Blanquita Rossi tiene buena voz.

A Becerra, de familia radical, hijo de uno de los fundadores de Renovación y Cambio, le tocó pasar por muchas: con Alfonsín, la Semana Santa carapintada o el copamiento de La Tablada; con De la Rúa, el escándalo de la Banelco o diciembre de 2001. Casi veinte años de historia argentina tan caliente que todavía quema.

-Usted fue secretario de Inteligencia, jefe de la SIDE. Qué estigma, ése.

-Yo asumí en la SIDE cuando ya llevábamos quince años de democracia. La gente vieja que venía de la dictadura ya no estaba, se habían ido yendo por decantación. Lo complicado había sido con Alfonsín, al principio. Le cuento una anécdota. Facundo Suárez, que fue el primer secretario de Inteligencia en 1983, entregaba un informe todos los días a las siete de la mañana. Lo recibíamos el Presidente, los ministros, los comandantes de las fuerzas armadas y de seguridad. A mí me lo traía a casa el chofer que me venía a buscar. Una mañana llega, me lo entrega, y cuando lo abro veo que dice que en ese mismo momento yo estaba en un campamento del ERP, en La Falda, haciendo instrucción militar… Esa era la SIDE de aquellos primeros tiempos, y costó desmontarla. ¿Se da cuenta qué fácil le fue a Kirchner descolgar el cuadro de Videla veinte años después?

-Cuando usted llegó ahí fue a reemplazar a Fernando de Santibáñez, que se tuvo que ir bastante complicado.

-Sí. Santibáñez era un amigo de absoluta confianza del presidente De la Rúa, y por eso había sido designado.

-Pero Santibáñez era un banquero. ¿Tenía aptitudes para manejar la inteligencia del estado?

-Tenía la confianza del Presidente… Era un hombre de una ingenuidad y una inocencia enormes. Tal vez por eso le pasó lo que le pasó.

Lo que le pasó a Santibáñez fue que quedó en el medio de una trama turbia que, a casi quince años de ocurrida, todavía no está aclarada del todo. A mediados del 2000, mientras se discutía la ley de Flexibilización Laboral que hubiera recortado el poder de los gremios más fuertes, el ministro de Trabajo, Alberto Flamarique, le habría dicho a Hugo Moyano que iban a comprar los votos de los senadores peronistas. “Para ellos tengo la banelco”, habría sido la frase, que iba a pasar a la historia. Después aparecería un supuesto arrepentido, Mario Pontaquarto, secretario del Senado, que diría que él había hecho en persona los pagos, y que el dinero de los sobornos a los legisladores habría salido de los fondos reservados de la SIDE. Santibáñez, entonces, duraría lo que agua en un colador, y Becerra iba a desembarcar en la Secretaría.

¿Pero hay fondos reservados, o es un mito?

-Lo que hay es una reserva sobre el uso que se le da a una parte del presupuesto. Es el dinero que se destina a las operaciones encubiertas.

-Entonces, a lo mejor, Pontaquarto decía la verdad….

-Mire, Pontaquarto es un mentiroso. Declaró que yo le había prometido que lo iba a nombrar jefe de la delegación en París, y eso es un disparate. En París, en ese momento, teníamos un hombre muy profesional que hablaba cinco idiomas y estaba especializado en el seguimiento de los atentados a la AMIA y a la embajada de Israel. Mire si lo íbamos a sacar a él para ponerlo a Pontaquarto…

-¿Y entonces?

-Y entonces, nada. La historia ésa de la banelco fue una patraña. Lo que se consiguió fue anular la ley de Flexibilización Laboral con el argumento de que estaba viciada por un supuesto delito, y los grandes sindicatos siguieron manteniendo su poder hasta hoy.

-Si eso pasó hace quince años y todavía no está resuelto del todo, ¿hay esperanza de que lo de Boudou se dilucide en tiempos terrenales?

-No creo… Eso tampoco va a tener una resolución rápida.

-Darío Richarte, que fue su segundo en la SIDE, dirige el equipo de abogados que hoy defiende al vicepresidente…

-Es una defensa técnica, profesional, y la llevan otros miembros del estudio. Que seguro no deben ser radicales, porque a nosotros la Carta Orgánica del partido nos pone límites éticos muy claros.

-Hablando de límites, ¿cómo se imagina que va a ser el final del ciclo de doce años de kirchnerismo?

-Difícil… Espero que los sectores más duros entiendan que se acaba, que se termina… Pero va a ser muy difícil. Los que saben de eso dicen que no va a haber cambios económicos importantes y que se van a profundizar los problemas de financiación del sector público.

-Y si a eso se le suma la corrupción…

-Pero la corrupción sola no desencadena resultados electorales.

-Cuénteme de la Alianza. ¿Será una sombra negra que se va a cernir sobre UNEN?

-Son cosas distintas. La Alianza se formó porque un día Alfonsín dijo: “Juntémonos los que pensamos parecido, para ver cómo terminamos con el neoliberalismo”. Y se formó un Instituto Programático que presidían él y Chacho Álvarez.

-Bueno, pero eso no garantizó que fuera un éxito…

-No, no; se cometieron errores graves. Se equivocó el diagnóstico y la evaluación de la coyuntura internacional: no hubo incremento en los precios de los comodities, y China recién se iba a incorporar a los mercados internacionales en el 2003.

-Hace unas semanas, Víctor Martínez decía que el fracaso de la Alianza fue porque con Chacho Álvarez no se podía acordar nada.

-No, yo no creo que haya sido así… Fíjese que la fórmula De la Rúa-Álvarez se decide en internas en todo el país. Y que a su vez De la Rúa le había ganado las internas en el radicalismo a Luis León, y Chacho en el Frepaso se las había ganado a Graciela Fernández Meijide. Era un acuerdo amplio y sólido, pero, bueno: terminó como terminó.

-¿Y por qué terminó como terminó?

-Yo creo que Chacho vio venir que íbamos a perder las elecciones del 2001, y se fue. Así de simple.

-¿No se fue por el escándalo de la banelco?

-Yo creo que él intuyó que se iba a perder en el 2001, y no quiso quedarse.

-¿Y De la Rúa?

-A De la Rúa le faltó voluntad política para seguir.

-Y ahí fue cuando usted se tuvo que ir antes por segunda vez.

-Sí, pero fueron cosas distintas. Cuando me tuve que ir con Alfonsín, el sentimiento fue de tristeza. Cuando me tuve que ir con De la Rúa, fue de frustración.

-¿Y UNEN no sería frustrante?

-UNEN pretende ser un acuerdo de partidos. Se va a ir fortaleciendo hasta las PASO, y entonces los partidos tendrán que aportar sus programas de gobierno. La experiencia de la Alianza va a ser provechosa; no vamos a volver a cometer el error de que un partido tenga hegemonía sobre otro en el gobierno.

-Da por hecho que UNEN va a ganar, entonces.

-El próximo presidente va a ser alguno de los peronistas que compitan, o el candidato de UNEN. Yo aspiro a que sea ése.

-¿A Macri lo cuenta como peronista?

-No, no le veo ninguna posibilidad, lo mismo que a De la Sota.

-¿Y usted cómo se prepara?

-Estoy ayudando en lo que pueda a reorganizar el partido. Frente a las dificultades que tenemos, hay que estar juntos.

-¿Hay chances para el radicalismo en Córdoba?

-Sí, y creo que son buenas. Mejores en la municipalidad que en la provincia, pero buenas. Si llega con buena imagen, el candidato va a ser Mestre.

-¿Y Ércole Felippa?

-Se verá. Yo estoy trabajando por la renovación del partido. Hace mucho que no soy candidato a nada.