Nuevo proyecto K en Córdoba: “Una banca para Zannini”

Acto K, 17 de octubre en CórdobaPor Pablo Esteban Dávila

«Yo no soy más cordobés, soy santacruceño”, afirmó Carlos Zannini cuando se le reprochó que no hubiera enviado la gendarmería a Córdoba (su provincia natal) durante la crisis de diciembre. Aquella convicción cultural, no obstante, podría estar llegando a su fin. Según fuentes calificadas, el Secretario General de la Presidencia buscaría una banca a diputado nacional en el 2015 por este distrito.
Este potencial retorno a sus orígenes no se encuentra originado, exactamente, por alguna suerte de añoranza mística hacia la tierra de sus mayores. Sus motivos son más prosaicos. Deben ser buscados en cuestiones relacionadas con los fueros parlamentarios, con la necesidad de sobrevivir lo que –se imagina– será el duro invierno del kirchnerismo en la intemperie política.
Esta historia comenzó tras la flaca performance del gobierno en las elecciones PASO de mediados del año pasado. Fue allí (y no en octubre) cuando los kirchneristas más duros comprendieron que la posibilidad de re – reelección de Cristina debía ser archivada para siempre. Muchos de ellos debieron aceptar que la cuenta regresiva había, finalmente, comenzado.
Zannini, pese a su lealtad inquebrantable con los Kirchner, fue uno de los primeros en percibir la necesidad de una retirada ordenada. Incapaz de reconocer tal cosa en público, comenzó a diseñar, sin embargo, la estrategia tendiente a preparar el terreno para el inevitable ostracismo de la Casa Rosada. Supone que a ellos les pasará lo mismo que a Carlos Menem: comenzará la etapa de la persecución judicial tan pronto entreguen la banda presidencial. Y esto con el agravante que, a diferencia del riojano, son muy pocos quienes realmente aprecian a los K sin el alucinógeno que les confiere el poder.
Una forma clásica (si no de zafar, al menos demorar) la acción de la justicia es buscar refugio en las listas legislativas. Los fueros parlamentarios constituyen verdaderas plazas fuertes desde donde resistir la previsible andanada de denuncias, presentaciones y buchones que habrán de venir. Zannini lo sabe, por lo que alienta a otros posibles blancos móviles a que vayan buscando un lugar expectable dentro de las boletas del Frente para la Victoria, o como quiera que se termine llamando este espacio hacia el 2015.
Es muy probable que el poderoso secretario legal y técnico de la presidencia se encuentra en lo cierto y que, en definitiva, ser diputado nacional es un lugar natural para refugiarse y continuar haciendo política. Tal vez, hasta podría concedérsele que lo tiene merecido. Pero la pregunta envenenada es por qué elegiría a Córdoba para llevar adelante tal propósito, dados los antecedentes furibundamente opositores que ostenta la provincia.
Una posible respuesta es que aquí el kirchnerismo no tiene un liderazgo claro. El único dirigente con votos propios es Eduardo Accastello, pero su intención es ser gobernador, no repetir en Diputados. El resto, incluida la recientemente electa Carolina Scotto, forman parte de un mosaico político denominado – no sin cierta malicia – como “mini tribus K”, clanes sectarios de dudosa eficacia electoral. Un desembarco de Zannini podría alinearlas eficazmente, sin que el intendente de Villa María se sintiera especialmente mortificado o tentado en dividir su lealtad con el PJ provincial.
Existe, además, un “bonus track” para este imaginado proyecto. La elección de Scotto, sin ser espectacular, fue mejor de lo que se preveía. Gran parte del mérito la tuvo su campaña, basada en el ataque a De la Sota y prescindiendo de menciones explícitas a Cristina y su gobierno. Aquella provincialización demostró que pegarle al gobernador puede tener su justa retribución, a condición que se deseche el estilo atrabiliario y ramplón utilizado por Luis Juez a lo largo de la última década. Zannini puede que se restriegue las manos de solo pensar que, como hipotético cabeza de lista, finalmente podrá confrontar cara a cara contra De la Sota y abandonar la guerra de zapa que ha venido librando contra este enemigo ideológico.
Por otra parte, la estrategia de “una banca para Zannini” ha cobrado hoy una urgencia antes impensada. Sucede que algunas cosas no le han salido bien, lo que le ha llevado a perder en algo el favor de la presidente. Su primera metida de pata consistió en el gafe con la gendarmería, negada por sus propias órdenes a De la Sota cuando la ciudad de Córdoba se consumía en el caos. La segunda fue el intento de lavarle la cara a Fútbol para Todos mediante la participación de Marcelo Tinelli. Tras una serie de anuncios altisonantes, el proyecto terminó siendo abortado por Máximo Kirchner con el brutal argumento que estas transmisiones estaban para “hacer política” y que nada tenía que hacer la farándula en el proyecto. No sólo Zannini quedó en falsa escuadra sino que, además, el popular conductor sacó un boleto sin retorno hacia el planeta opositor. No son buenas noticias para alguien que, a lo largo del tiempo, supo hacer del bajo perfil una marca registrada.
Pero desembarcar en Córdoba pueda que requiera ablandar el terreno. En este sentido, el escándalo desatado en torno a la financiera CBI le viene como anillo al dedo porque, tal como lo señaláramos la semana pasada, todo lo malo que aquí suceda es ganancia para los K. Por ahora, esta causa parece enfilarse solamente hacia el mundillo empresarial de Córdoba, aunque hay un par de interesados en que el lodazal también salpique a la política local. El primero es el omnipresente fiscal Enrique Senestrari, un hombre próximo a la Nación y siempre dispuesto a comentar los detalles más escabrosos de sus investigaciones a través de la prensa. El segundo es un abonado a la denuncia: el inefable Luis Juez. Carlos Pagni comentó el lunes en “La Nación” que el senador contaría con el auspicio de un retirado de la SIDE, Horacio French, para buscar el pelo en la sopa dentro de esta causa. No tan casualmente, French se encuentra muy próximo a Zannini, justo cuando – debido a sus novedosos problemas en palacio – el secretario legal y técnico se encuentra con dificultades en su relación con la Secretaría de Inteligencia.
Un eje entre Zannini y Juez no sería descabellado. Ambos tienen intereses distintos pero complementarios dentro de la provincia, y los une un odio feroz hacia De la Sota. Además, Juez ha sido funcional al kirchnerismo en muchas votaciones en el Senado, en tanto que el calibre de sus críticas a la Nación ha ido perdiendo intensidad con el tiempo. Además, y como sus cacareadas intenciones aliancistas con el radicalismo se encuentran en un punto muerto, no resulta extravagante suponer un futuro entendimiento del senador con las “minis tribus K”, un paquete que incluiría, seguramente, la candidatura del propio Zannini. Si el escándalo de CBI ayuda a debilitar al PJ provincial y al Intendente Ramón Mestre (el más declarado enemigo de Juez dentro de la UCR), los dividendos de este operativo puchero serían repartidos entre ambos. Y, si esto no ocurre, siempre habrá más carne podrida que arrojar a los perros. En esto, la creatividad kirchnerista no tiene comparación, como tampoco lo tiene la vocación juecista por arrojarla a los cuatro vientos.