Contraataque mestrista sobre Juez: interesa la legisladora Montero

Por Alejandro Moreno
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Como las brujas de los cuentos, Luis Juez necesita bañarse en la sangre de las doncellas para mantenerse vital. Si no fuera porque el peronismo y el radicalismo nada tienen de la castidad de las doncellas, la metáfora serviría para ilustrar la pulsión de Juez por segmentar al Partido Justicialista y a la Unión Cívica Radical, desde los lejanos tiempos del aluvión del 5 de octubre de 2003.
Juez nunca construyó el juecismo; armó la nueva política con los inestables excedentes de los partidos tradicionales. Del radicalismo se sirvió de dirigentes que le ofrecieron “novedad”, como Daniel Giacomino, “renombre”, como Antonio Rins, y un “modesto aparato”, como Miguel Ortiz Pellegrini. Pudo tener más, si en 2009 lograba engatusar a los que en la UCR se habían convencido de la necesidad de aliarse con él para, en 2011, derrotar al delasotismo.
La mitología mestrista se afirma en que de la resistencia a esa alianza surgió la candidatura a senador nacional de Ramón Mestre, quien perdió frente a Juez pero por un margen tan estrecho y sorpresivo que, a partir de ahí, se propulsó a los primeros planos de la política cordobesa.
El crecimiento de Mestre, y su triunfo capitalino en 2011 mantuvo reunido a los radicales, muchos de los cuales sin ser mestristas comenzaron a denominarse así. El temor a la sangría en beneficio de Juez pareció disiparse.
Este año, sin embargo, Juez va de nuevo por la Unión Cívica Radical. Primero lo hizo por las buenas, modo que le cuesta tanto, indultando viejas denuncias realizadas contra Mestre. Luego viró 180 grados, tratando de quebrar a la UCR en porciones distinguiendo, a su gusto, entre radicales “corruptos” y “decentes”.
El jefe del Frente Cívico afirma en público su intención de postularse a la Gobernación, aunque en mesaschicas le han oído decir que prefiere la Intendencia de Córdoba. Tiene lógica el cacareo provincial: además de que es sensato mantener todas las opciones disponibles (nadie tiene certeza de cómo evolucionará el peronismo hasta 2015) si llegara a afirmar que va definitivamente por Mestre y el Palacio 6 de Julio, cerraría para siempre cualquier conversación con los referentes radicales no-mestristas, que podrán llegar a dar batalla interna en la UCR, pero a los que es difícil imaginar quebrando el partido.
Apoyado en su poder capitalino y en la expectativa que genera entre los radicales, Mestre ha adoptado una táctica ofensiva frente al juecismo.
Marcelo Cossar dijo en el reciente seminario de Villa Giardino que “necesitamos de los radicales que se equivocaron”. O sea: de los que se fueron seducidos por la “nueva política”. Y el propio Mestre tendrá reuniones en los próximos días con algunos de esos dirigentes.
El mestrismo ha posado la lupa en la Legislatura. Ya no sólo para intentar atrapar a los exradicales Julio Agosti o a Carlos Roffé, que antes interesaban para hacer daño (quitarle la primera minoría al Frente Cívico) y ahora para recuperar dominios territoriales del radicalismo en el interior. Ahora, va por una figura más difícil: la también excorreligionaria Liliana Montero, la presidente del bloque.
¿Es eso posible? ¿Se confirmará la regla que indica que no hay futuro político dentro del juecismo para los presidentes de los bloques legislativos? (Raúl Castellano dejó la política, Ortiz Pellegrini se fue al GEN, Roberto Birri rompió el bloque y armó el suyo, socialista).
Algunos operadores mestristas han confesado que se imaginan a Montero como una posible compañera de fórmula de Mestre en 2015. Mencionan algunas ventajas comparativas que tendría para ofrecer: es una novedad política para el electorado (aunque tenga vieja militancia en la UCR) y posee un marcado perfil crítico del delasotismo y de las formas corruptas que le asigna la oposición. Podría complementar el desgaste de cuatro años de gestión de Mestre y el cuidado que el radical tendrá con el gobernador José Manuel de la Sota, según se presume tras su última reunión.
Los caminos de Mestre y Montero han coincidido en un solo punto: en 2006 compartieron la lista 1 en la interna del Comité Capital (él como candidato a presidente; ella como candidata a secretaria). Poco duraron juntos porque Montero se fue al Frente Cívico siguiendo a Ortiz Pellegrini. La actual legisladora no reniega de su pasado radical, en especial de la militancia en la JR en los tiempos de Renovación y Cambio.
Montero también se despegó luego de Ortiz Pellegrini y, junto con Marcelino Gatica y los intendentes, integró Plataforma Córdoba, que ingresó al partido Frente Cívico.
El fin de semana pasado, Plataforma tuvo una reunión en su “sede” de Il Gatto de calle Estrada. Allí se encontraron los intendentes Oscar Tamis (Oliva), Germán Jalil (Unquillo), Rubén Sambucetti (Colazo), el presidente del Concejo de Representantes de Villa Carlos Paz, Walter Gispert, y dirigentes que tienen chances municipales para el año que viene, como Juan Pablo Peirone en Río Tercero o Lucas Vilar en Deán Funes.
En esa reunión se designó precisamente a Montero como nueva coordinadora del grupo, ya que uno de los contertulios dejó sobre la mesa un mensaje de Marcelino Gatica: “dejo la política”. Se preguntaban los platafórmicos: “¿Deja en serio, se reserva para una oferta del PRO, apoyará la carrera de su hijo kirchnerista?”.
Hubo una conclusión más interesante: se resolvió fortalecer las estrategias municipales por sobre las provinciales, pero manteniendo la identidad del Frente Cívico. En otras palabras: cada cual puede hacer el juego político que más le conviene para llegar, aunque nadie se va del partido que preside Ernesto Martínez y que lidera Luis Juez.
Esas líneas le dejan a la legisladora Montero la puerta abierta para sentarse a hablar con Mestre un día de éstos, lo que erizará a Juez, aunque el bloque del Frente Cívico no perderá a su presidenta. Falta mucho para el 2015.