Hipótesis sobre los enojos de Kicillof

Por Gonzalo Neidal

DYN18.JPGCada vez que debe comunicar el índice de precios al consumidor, el ministro de economía Axel Kicillof termina enojado. Con quien fuere pero enojado al fin.
Quizá el enojo provenga de que tuvo que informarnos un índice bastante elevado: el 3,4% para febrero, que sumado al de enero acumula ya 7,2% para el primer bimestre del año. Un porcentaje ciertamente subido, sobre todo si tenemos en cuenta que en el resto del continente, las economías (excepto Venezuela) ni siquiera llegan a una cifra como esa para todo el año. No ha de ser muy grato tener que comunicar una suba tan importante en los precios. Piénsese, por ejemplo, que si anualizamos esa cifra, podemos llegar a una inflación superior al 50% para todo 2014.
En tren de imaginar hipótesis sobre el enojo ministerial puede pensarse que quizá proviniere de que su teoría acerca de que una devaluación no produce inflación, no se mostró acertada. Todo subió en forma instantánea en porcentajes similares a los de la devaluación. Y siguen subiendo aunque ahora de un modo más errático y suave.
Otros de los probables motivos de enojo puede haber sido su presunción que este índice de precios, aun elevado, también es sospechado de no reflejar la realidad sino una cifra menor a la inflación verdaderamente ocurrida. Una amplia gama de economistas opina que ha habido un principio de sinceramiento por parte del gobierno en materia de índice de precios pero que todavía no refleja de ningún modo la evolución real de esa variable.
Finalmente, puede ser también que el ministro esté enojado ante la evidencia de que los dirigentes gremiales parecen no estar demasiado convencidos acerca de la evolución de los precios que nos relata el gobierno. Entonces, como el ministro está seguro de la absoluta veracidad de las cifras del INDEC, siente una justificada y profunda indignación porque los sindicalistas, que no estudiaron Ciencias Económicas, ni leyeron a Lord Keynes, vengan con tan modesto bagaje de conocimientos a discutirle a él, que es el ministro y además un estudioso de la Ciencia de Smith, cuál es la verdadera evolución de los precios.

Hacia adelante
Si es posible ponerse serio ante tanto desvarío, vemos que el gobierno tiene todas las fichas puestas en marzo pues una moderación en el índice de precios para ese mes serviría como gran argumento para discutir el alza de los salarios ante los gremios, incluso los oficialistas, que reclaman porcentajes de aumento que podrían complicar nuevamente la evolución de los precios.
En pleno ajuste, el gobierno se encuentra complicado ante la inminencia de acuerdos salariales que nuevamente potencien los costos empresarios y, en consecuencia, la inflación. Tiene en sus manos un problema de difícil solución. Cristina quiere que los sindicatos arreglen porcentajes no superiores al 25%, lo que significa claramente una pérdida salarial neta, si tenemos en cuenta la inflación real.
El gobierno devaluó aproximadamente un 30% y recibirá todos los beneficios comerciales y fiscales de esa devaluación. Pero alimentó la inflación, a la que intenta responder con el control de precios (“precios cuidados”), que no parece tener un éxito excesivo. Pero ahora está a las puertas de las negociaciones salariales, con impacto en los precios y en las finanzas de todas las provincias.
Por otra parte, tras el ajuste cambiario, intenta instrumentar ajustes en lo fiscal y en lo monetario. El aumento de la tasa de interés y la limitación a la emisión monetaria, además de la absorción de dinero de plaza son inequívocamente componentes de un ajuste ortodoxo (¿hay otra clase de ajuste?). En lo fiscal, está en mora aunque ya ha anunciado una sustancial disminución de los subsidios, lo que necesariamente afectará los bolsillos de una ancha gama de beneficiarios.
El gobierno parece pensar que con el sacrificio cambiario ya está. Que su cuota de esfuerzo es ya suficiente. Que lo demás, en todo caso, puede esperar o realizarse a un ritmo mucho más lento, que no incida negativamente sobre el ánimo de la gente para que el gobierno no pierda credibilidad y de ese modo pueda llegar sin sobresaltos hasta el final de su mandato. Este parece ser el esquema que se está implementando. Una devaluación importante, control de precios y una meseta de estabilidad por algunos meses, hasta más ver. Tal la pretensión.
La idea final no es otra que hacer el menor ajuste posible, controlar la inflación y la pérdida del valor del salario todo lo que se pueda porque lo verdaderamente importante es llegar a diciembre de 2015 y entregar el poder sin mayores sobresaltos.
Por eso es que cuando las evidencias de aumentos de precios se hacen presentes, el ministro de economía se pone furioso y se la toma contra las consultoras que hacen sus propios cálculos acerca de la evolución de la inflación. Estos profesionales fueron perseguidos multados por Guillermo Moreno pero al parecer tenían razón, pues sus cifras son la referencia inevitable que toman los gremialistas al momento de discutir salarios.
Resulta insólito que a esta altura tanto Kicillof como Capitanich sigan atacando los cálculos paralelos a los del INDEC, cuando ha sido hasta tal punto escandaloso el índice de precios oficial que el propio gobierno debió cambiarlo pues, además, nadie lo creía y era motivo de burlas y bromas generalizadas.
Si en la discusión por YPF “no hubo vencedores ni vencidos”, en materia de índice de precios las cosas fueron distintas. Aquí fue derrotado el gobierno. Y eso también es un buen motivo para enojarse.