Humor en la catedral

Por J.C. Maraddón
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ilustra jardin florido como grouchoPara ser Córdoba la capital del humor argentino, convengamos en que sabe disimular muy bien esa condición. Porque está claro que los humoristas florecen aquí como si a alguien se le hubiese ido la mano con la siembra. Pero carecemos de lugares específicos donde esos chistosos hagan de las suyas ante un público específicamente convocado para morirse de risa.
Durante el verano se vive una especie de apogeo de la comicidad. Por lo general llegan comediantes y estandaperos foráneos, aunque la mayoría de los que pueblan los escenarios de las sierras están afincados en esta ciudad donde alguna vez hubo una revista llamada Hortensia. A lo largo del receso estival, Carlos Paz asume como sede del humorismo y ostenta en sus marquesinas los nombres de los más conocidos entre los artistas de la gracia.
Sin embargo, apenas amarillean las hojas de los árboles, esa efervescencia se desvanece para reaparecer en breves ocasiones durante el resto del año: para semana santa, para las vacaciones de julio y para alguno que otro fin de semana largo. El reverdecer con todos los chiches deberá esperar hasta finales de diciembre, cuando los teatros de la villa serrana promocionen sus estrenos y se ofrezcan otra vez como reductos para la carcajada fácil.
También es el verano la estación del año en la quela provincia sale de festival en festival, sumando la música y la gastronomía para obtener como resultado convocatorias multitudinarias. En la grilla de las programaciones, resulta habitual que se destaque al menos un humorista por jornada, sobre todo dentro del estilo del popular contador de cuentos, que es el que abunda en esta zona mediterránea.
Desde la debacle de aquel palacio del humor que fue El Boliche de Santiago, se produjo un vacío que no por casualidad coexistió con la lenta agonía de la publicación fundada por el Gordo Cognini. Una metrópolis que crecía a lo largo y a lo ancho, se resignaba a perder esos espacios en los que se lucía uno de sus productos regionales mejor cotizados. En realidad, los cómicos locales levantaban su puntería al radicarse en Buenos Aires, donde la pantalla televisiva les redituaba mucho más que cien funciones a sala llena.
En esa fisura que se abría entre la demanda no saciada y una oferta carente de vidrieras para mostrarse, hace varios años ya se abrió paso una nueva camada de humoristas que tomaron el modelo de los monologuistas estadounidenses para construir sus espectáculos. Demasiado amateurs algunos, bastante efectivos otros, su presencia ha marcado un quiebre en el panorama local, aunque hasta el momento su hábitat natural han sido los pubs que alojaban sus parlamentos.
Por eso, la inauguración de un bar destinado con exclusividad a este tipo de shows, puede ser leída como una instancia superior en el establecimiento de una movida que supo generar su propio mercado (sobre todo entre los universitarios) y que aspira a seguir creciendo en la consideración general. Esta noche a las 21, con la actuación de “De Parado Stand Up Club” (donde participan Jorge Monteagudo, Elisa Gagliano y Juan De Battisti), abre Alta Gracia Bar & Comedia, un lugar en Bolívar 558 que se autodenomina “La catedral del humor”.
Ya que Córdoba es la cuna de tantos humoristas, no está nada mal que este tipo de artistas de variedades cuenten a partir de ahora con una platea y un escenario propios. Para pasar el invierno, digo, hasta que la temperatura empiece a subir nuevamente y los programas de chimentos, con sus móviles, nos alerten acerca de que regresa el verano y, con él, la risa para la que antes no encontrábamos motivación el resto del año.