Monsanto presentaría en julio su nuevo estudio de impacto ambiental

DPP_0002Fuera de escena, la empresa Monsanto escucha a los que hablan por estos días sobre la instalación o no de una planta de procesadora de semillas de maíz en Malvinas Argentinas, a los efectos prácticos un barrio de Córdoba, aunque propiamente de trate de una localidad del Departamento Colón que, a su vez, es la más humilde y con mayor desocupación de todas las que integran el Gran Córdoba.
La elección de Malvinas Argentinas para su localización atendía, precisamente, a su condición de Cenicienta del cono urbano cordobés, una “ciudad dormitorio” muy distinta a Carlos Paz, Alta Gracia y Villa Allende, a donde también van a dormir personas que trabajan en Córdoba y que de noche duermen en buenas e incluso coquetas viviendas.
Hacia esto apuntaba la elección de Malvinas Argentinas para radicar la planta de Monsanto. También estaba en línea con la obsesión política del gobierno peronista de mejorar electoralmente en el difícil distrito capitalino. En su momento, esta obsesión pasó por alto que el pequeño pueblo (una cuadra lo separa de los barrios capitalinos La Floresta y Arenales) estaba a tiro del económico transporte urbano y, por eso, de unos pocos activistas ambientales, que pululan en metrópolis como Córdoba y tienen acreditada inexistencia en el interior provincial profundo.
La mala elección es un hecho consumado y ya es tarde para reparar la desatención que en su momento se le prestó a esta observación hecha por la Secretaría de Transporte Urbano, entonces conducida por Darío Sbarato.
Aunque guarden silencio y se limiten a escuchar el peloteo entre el gobierno provincial y el intendente malvinense, Daniel Arzani, directivos de Monsanto no se han quedado con los brazos cruzados, y tras el rechazo al estudio de impacto ambiental, la multinacional prepara un nuevo trabajo para someter a consideración de la Provincia y el municipio.
Se sabe que el nuevo estudio de impacto ambiental estará listo para mediados de año, probablemente para julio, y que en esta ocasión Monsanto buscará la opinión adicional de prestigiosas instituciones. No se han brindado precisiones, pero no es improbable que en este listado estén sellos de prestigio, como, por ejemplo, universidades públicas y privadas, Inta, Conicet, etcétera. También –si el gobierno envía su prometida nueva Ley de Medio Ambiente a la Legislatura- sometido a audiencias públicas en Malvinas Argentinas, donde la receptividad para el emprendimiento es sensiblemente mayor que en la ciudad de Córdoba.
En todo el país, existen 46 plantas procesadoras de semillas pertenecientes a varias multinacionales. El uso de estas semillas está directamente relacionado a los rendimientos agropecuarios. Es decir, al ingreso de divisas de un país inminentemente agroexportador. Desde que existen estas plantas, no se conoce ninguna impugnación popular a su funcionamiento. Por supuesto, están radicadas en pequeñas localidades lejanas de los grandes centros urbanos y –doblemente inteligente- muy cerca de los lugares de siembre y cosecha de granos.