Mejor, pero al borde

Por Gabriela Origlia

En enero algunas señales indicaban que Argentina avanzaba directo hacia el precipicio económico: pérdida de reservas, inflación, dólar paralelo por las nubes. Comparada con esa realidad la de hoy claramente es más tranquila y es razonable que haya optimismo. De todos modos, sería aconsejable no salir a festejar por anticipado porque el auto frenó a metros del abismo, pero el hueco no desapareció. La estrategia empleada permitió comprar tiempo y la clave es determinar qué se va a hacer en ese tiempo ganado.
Cómo se llegó a la situación compleja ya se sabe y seguramente la presidenta Cristina Fernández se lo pregunta a sus colaboradores en repetidas ocasiones: un fuerte desequilibrio en las cuentas públicas que se financia a través del Banco Central (con emisión) y su consecuente traducción en inflación. Ese esquema es público. ¿Qué cambió para que haya más tranquilidad? La política monetaria. Lo que antes era emisión hoy es colocación de deuda a corto plazo. El Central absorbe pesos a través de bonos y letras en el mercado con tasas del 30% anual. En 120 o 180 días esa deuda debe ser pagada ya sea a través de emisión o de más deuda. Una suerte de calesita de la que no se puede escapar. Por otro lado, al ejecutarse una norma administrativa que dormía en los cajones del BCRA se logró que los bancos se desprendieran de dólares y bajó fuerte el paralelo.
La lógica es que hoy el sector financiero está más optimista (cómo no estarlo con tasas del 30% anual sobre un dólar dormido) y la economía real se resiente fuerte. El presidente del Central, Juan Carlos Fábregas, ordenó las cuentas y compró tiempo para sus colegas del gabinete. Como ya se dijo en este mismo espacio: ahora es el turno de que el resto salga a la cancha. Fuentes del kirchnerismo aseguran que está todo preparado para avanzar en el terreno fiscal y que el ministro Axel Kicillof tiene listo el cronograma de reducción de subsidios económicos (no sociales). Se está esperando la “oportunidad” de hacer los anuncios, que llegaría cuando cierren las paritarias. Por ahora la responsabilidad la asumió el Central y el resto de los desequilibrios persiste.
El economista Enrique Szewach grafica la situación con la idea de que si se mandan los soldados a la guerra de a uno lo más probable es que los maten mientras que si van todos juntos las probabilidades de éxito aumentan. “Es lo que está pasando con las medidas económicas –agrega-. Los favorecidos por las decisiones oficiales no apuestan porque no saben qué seguirá, entonces se ajusta con menos nivel de actividad, menos ventas, menos importaciones y menos creación de empleo”. Es decir, el escenario que enfila hacia la recesión.
¿Por qué, incluso con una actividad frenada, continúa la inflación en niveles altos? La explicación de los economistas tiene varias aristas. Una es que no tiene el mismo efecto no emitir que poner dinero en el mercado y después retirarlo. “Cuando los pesos se ponen los precios suben y cuando se los aspira, no bajan”, dice Szewach. La otra es que el dólar a ocho pesos no es un precio que sostengan ni los más optimistas. Por caso, Miguel Bein –el economista radical y ahora asesor de Daniel Scioli que elogió la Presidenta- estima que cerrará el año a $9,50. En ese marco, la expectativa es que la reposición de insumos y productos será más cara. Para completar, la inercia inflacionaria es significativa porque la suba de precios fue muy alta y no es suficiente cambiar la política monetaria para sosegarla.
Con el ámbito cambiario más tranquilo y con las reservas estabilizadas (no recompuestas), todas las miradas siguen a Kicillof. Los actores económicos esperan la próxima movida del Ministro; en función de lo que haga se moverá el resto de las figuras.