Acuerdo con Repsol sólo no alcanza para Vaca Muerta

P10-1Los mismos que hace poco más de dos años festejaban la estatización del 51% de Repsol ahora se entusiasman con el pago a los españoles y disfrutan –por adelantado- de los inversores que llegarán para Vaca Muerta, yacimiento que requiere de unos US$ 35 mil millones. Los expertos en la materia aseguran que el acuerdo permitirá a YPF conseguir más financiamiento y cerrar convenios de exploración y producción con otras compañías, pero aclaran que la firma de la paz con los españoles no es suficiente. Hacen falta, entre otras cosas, nuevas reglas de juego para el sector. YPF representa un tercio de la extracción de petróleo del país y una cuarta parte de la de gas, por lo que el nuevo esquema es imperioso.
Un informe de Eliana Miranda, del Ieral de la Fundación Mediterránea, plantea que en el último año México encaró una reforma del sector energético. Después de 75 años de monopolio estatal, ocho años de caída en la producción fueron determinantes para sumarle competencia a Pemex y atraer inversores. La tendencia declinante en la producción de crudo mexicano comenzó en 2005 y, desde entonces, se acumuló una caída del 24%. En ese período, la producción argentina se redujo en los mismos valores, a los que hay que agregar la baja de los años previos; si se toma como referencia el 2001 (pico de producción de crudo), el acumulado es del 27%.
En el caso del gas, principal insumo de la matriz energética argentina, suma 18,2% la baja de la producción en los últimos 6 años. El panorama es “crítico” según Miranda para quien la comparación con México es pertinente. La nueva política mexicana se desprendió de un pacto firmado por el actual Gobierno y los principales dirigentes de la oposición. En Argentina –dice la autora- la política energética parece pasar “sólo por YPF” y aunque cumplir con los compromisos con Repsol es “un buen primer paso luce insuficiente para que el resto del sector retome el camino de las inversiones”.
Según datos de 2013 del Departamento de Energía de Estados Unidos, Argentina –con Vaca Muerta- es el segundo país con shale gas detrás de China y el cuarto en recursos deshale oil luego de Rusia, Estados Unidos y China. El descubrimiento de estos recursos no convencionales abre una nueva oportunidad, pero “todavía faltan condiciones para su desarrollo”. Por ejemplo, no hay a nivel nacional regulación específica para la exploración y explotación de hidrocarburos no convencionales.
Miranda menciona como antecedente de la viabilidad del proceso a Estados Unidos que, hace una década, tenía una situación similar a la de Argentina en lo que respecta a dependencia de importaciones de gas para abastecer el consumo interno. En Estados Unidos el gas representa un 28% de la matriz energética (importante pero bastante por debajo del 51% argentino). En 2003 Estados Unidos importaba (neto de exportaciones) el 15% de lo que consumía y recurría entonces a la construcción de terminales de regasificación en el Golfo de México para hacer frente a sus
Necesidades. La explotación de recursos no convencionales desarrollada en los últimos años le permitió bajar su dependencia de importaciones hasta el 5,9% de su consumo. En el 2004 sólo el 3% de su producción total de gas era shale, hoy representa un tercio y las proyecciones señalan que el país se convertirá en exportador neto de gas en un futuro cercano. El boom permitió la reducción de precios, comenzó a ser rentable la sustitución de carbón por gas en la generación de energía eléctrica, los costos bajaron y dieron una mayor competitividad a toda la industria.
En el caso argentino, hace 10 años la producción de gas alcanzaba y sobraba para el abastecimiento interno. Se exportaban 6,5 mil millones de metros cúbicos al año. Las exportaciones se cortaron a partir de 2007, con mínimos envíos a Chile y Uruguay entre 2009 y 2011, que en 2012 terminaron de desaparecer. En 2004 se iniciaron las compras de gas natural a Bolivia a través de gasoducto, en 2008 se incorporó la importación de gas natural licuado, en un principio desde Trinidad y Tobago y Egipto, desde en 2012 se incorporaron como proveedores Brasil, Noruega, Qatar y España. Hoy Argentina importa el 20,5% del gas que consume y no sólo sufre interrupciones (de gas en invierno y de electricidad en verano) sino que además se han esfumado las ventajas competitivas que generaron en su momento inversiones cuantiosas en petroquímica, fertilizantes, plásticos y otros derivados: al margen de los subsidios, el costo del gas en Argentina ahora refleja los precios que se pagan a Bolivia y por los cargamentos de LNG.