Alianza juecismo-UCR: política de verano

Por Gabriel Osman
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Walter Nostrala
Walter Nostrala

El juecismo volvió a batir el parche sobre la necesidad de una alianza con el radicalismo para 2015, proponiéndose como objetivo mayor poner límite el ciclo peronista en la provincia. Lo hizo, otra vez, con uno de los hombres más cercanos a Luis Juez, el ex diputado nacional Ernesto Martínez, por lo cual debe inferirse que tiene luz verde del mentor de la “nueva política”.
Más allá de las posibilidades de un ensamble de estas características, sorprende lo anticipado de la propuesta. Ni mencionar que hablamos de Juez, un político con gran capacidad de repentinización, de filosas invectivas y sin reparos ni para hablar mal de propios, mucho menos de extraños. En tren de buscar explicaciones, no al intento que ya tiene dos versiones fallidas (2007 y 2011), tal vez la premura guarde proporción con las dificultades del hipotético entendimiento.
Pero las recientes expresiones de Martínez, en el sentido de que la alianza con la UCR será un “parto natural”, tal vez deba tomarse como un capítulo más de la “política de verano” a que se ven obligados dirigentes que tienen que mantener expectabilidad pública desentendiéndose de las dificultades estacionales. No debe haber reproche sobre ello, menos del periodismo que a menudo se ve acuciado por las mismas urgencias.
Por lo pronto, es muy cierto que existen conversaciones que se reiteran con alguna frecuencia y que la mesa reúne a dos interlocutores por cada partido: Alberto Zapiola y Jorge Font (UCR) y Martínez y Walter Nostrala (Frente Cívico). Salvo Martínez, está claro que son conversaciones de aproximación y sin grandes expectativas. Un acuerdo tan “contra natura”, con perdón de los dichos del ex diputado nacional, requiere negociadores de máximo nivel.
Consumiendo el tramo ya final que ofrece enero para estos entretenimientos, hay que decir que el camino está sembrado de dificultades y que, inclusive, le puede dar tiempo adicional al peronismo para tratar de bloquear ésta muy hipotética entente. No vamos a recordar acá las cosas que ha dicho Juez sobre el líder natural que tiene hoy el radicalismo ni repetir algunas de sus filosas críticas sobre la política que despliega Ramón Mestre al frente de la Municipalidad.
El problema es más histórico que de coyuntura, al punto que el pedido del juecismo de alianza a la UCR es como reclamarle a una de sus víctimas –la principal, sin dudas, es José Manuel de la Sota-, que se asocie a su verdugo: la versión clínica-psiquiátrica del síndrome de Estocolmo extendida a la política.
Tal vez estos ensayos atrevidos y a destiempo tendrían visos de convertirse en algo si la culpa es redimible sacrificialmente: que la UCR retenga candidatos a la Gobernación y a la Municipalidad y que Juez se conforme renovando en el Senado. El ex intendente pasa por su peor momento político y el actual está a caballo del año que será decisivo para su futuro político y del radicalismo en su conjunto.
Por lo demás, es más conocido que la peperina que Juez es el único político de Córdoba –dentro de la línea de los expectables- que no puede transferir sus votos. Esteban Dómina, su ex candidato a intendente, sacó el 8% de los votos en 2011 y Martínez el 3% en las legislativas de 2013. De la Sota, el gran arquitecto del poder en el peronismo de Córdoba (al modo que lo fue Eduardo Angeloz en el radicalismo), lo hizo gobernador a Juan Schiaretti. En una elección reñida, pero lo hizo. Igualmente, cualquier –dentro de lo razonable- candidato radical parte de un piso del 18 o 20%. La organización partidaria pone el tilde y allí va una gran parte de su caudal electoral histórico.
Juez tiene votos indelegables. Es la debilidad del juecismo, que luego de dos elecciones ya no puede fijar condiciones. Por el contrario, deberá asumir que es tomador neto de reglas de juego. Algunos, muy crédulos, suponen que un acuerdo con el juecismo podría facilitarle a Mestre las relaciones con el gremio de empleados, dada la supuesta ascendencia del senador con el sindicato municipal. Es un error muy grueso: el Suoem no tiene aliados permanente, tiene intereses permanente.
Para ponerle un punto final a esta nota de verano: hay cosas que se hacen pero que no se dicen; en todo caso, se anuncian.