El disco más grande del mundo

Por J.C. Maraddón
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ilustra hotel californiaEn algún momento de 1977, el álbum “Hotel California” del grupo Eagles llegó a las bateas de las disquerías de Córdoba. Había aparecido en los Estados Unidos en diciembre del año anterior, pero las ediciones argentinas de los discos internacionales distaban mucho de ser simultáneas. De hecho, había títulos que demoraban hasta cuatro ó cinco años en ser replicados en el mercado local.
Y si bien en ese año la dictadura ya aprovechaba el terror instaurado para aplicar políticas económicas que beneficiaban las importaciones, todavía no resultaba tan fácil procurarse las versiones originales de esos vinilos tal como fueron lanzadas en el hemisferio Norte. Solo quedaba apelar a la paciencia y aguardar ese momento en que el objeto deseado nos saludaba desde la vidriera de nuestra disquería amiga.
La velocidad con la que hoy accedemos a las canciones y los artistas de cualquier parte del planeta, nos ha hecho olvidar la envergadura que alcanzaban estos procesos décadas atrás, cuando el concepto de globalización no había sido aún completamente asimilado. Para irradiarse hacia el resto del planeta, un hit musical debía esmerarse muchísimo y –en numerosos casos- sentarse a esperar que la varita del éxito trasladara su melodía de continente en continente.
Básicamente, las mercancías culturales eran reales y no virtuales. Ocupaban espacio y requerían de tiempo para ser trasladados de un lugar a otro. Había que fabricarlos en serie, dotarlos de un envase adecuado, que fuera atractivo visualmente, para luego distribuirlos y venderlos, como parte de un mecanismo industrial al igual que tantos otros. Y había, además, que abrir negocios donde estos productos tuvieran su boca de expendio.
Para que todos estos engranajes se pusieran en movimiento, debía ingresar la materia prima musical, cuidadosamente seleccionada por expertos. Y también eran especialistas los que tomaban las decisiones acerca de cómo promocionar a cada artista, qué cualidades destacar según el músico y qué argumentos utilizar para convencer al público.
Con las descargas y la posibilidad de escuchar las canciones online, esa infraestructura sufrió un cambio traumático, que alteró para siempre los modos en que se consumía música hasta finales del siglo veinte. Por eso, recordar el trayecto que hasta no hace mucho tiempo debía recorrer un tema para ser consagrado por el público, nos remite a una etapa de la que pocos elementos han sobrevivido.
Ese contexto que hoy sabe a añejo, es el que rodeó a aquel fenómeno provocado por el disco “Hotel California” de Eagles, cuyo estrépito en los charts estadounidenses lo proyectó hacia la Argentina, aunque fuese con unos meses de retraso. Ahora que la canción que le dio título al álbum se cubre con la gloria de los clásicos de los clásicos, nos olvidamos de que hasta ese momento la banda apenas si era conocida en estas remotas regiones del sur.
Y así como poco antes los rulos de Peter Frampton se habían ganado un lugar por aquí gracias a su disco “Comes Alive” y a su “Baby, I Love Your Way” (mientras en Norteamérica ya era un veterano de guerra), también le llegó a Eagles su momento de popularidad en la legión extranjera, luego de un ciclópeo esfuerzo para imponerlos que incluyó a toda la línea de montaje antes descripta.
El álbum “Hotel California” ha sido citado por la prensa mundial en los últimos días, porque la compañía Pop2Life decidió transformarlo en el “disco más grande del mundo”, al construir una versión en vinilo de 124 metros de diámetro, con la que se cubrió el techo del Forum de Los Angeles, donde Eagles actuará la semana que viene. Una especie de metáfora acerca de las gigantescas ventas que obtuvo esa obra (32 millones de copias en todo el planeta), en una época en que las escalas eran geométricas y no digitales.