Sector energético, problemas por donde se mire

p07-1El sector energético argentino se ha convertido en fuente de problemas por donde se lo mire. No sólo desde el punto de vista macroeconómico, ya que la ampliación del rojo déficit en el sector potencia la salida de dólares y también profundiza el déficit industrial sino que desde su estándar de calidad está lejos de acompañar las necesidades de la demanda. Mientras que en los ’90 se inyectaron en promedio 1.000 megavatios por año, en la última década la generación creció una media de 100 megavatios anuales.
Un informe elaborado por el Instituto de Economía del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Córdoba (CPCE) indica que el saldo de la balanza energética correspondiente a octubre (último dato disponible) registró un déficit de US$ 216 millones, lo que representa una variación mensual negativa del 4,35%. Respecto al resultado obtenido un año atrás, evidencia un deterioro de 340%.
Este resultado se explica a través de las importaciones registradas por US$664 millones, que no alcanzaron a ser compensadas por las exportaciones cuyo valor fue de US$ 448 millones. En términos acumulados, hasta octubre la balanza energética lleva en su haber un déficit de US$ 6.008 millones, con una variación anual negativa del 93,09% respecto a igual período del año 2012 y un resultado deficitario del 91,09% superior a todo el año calendario.
Este desempeño se origina en exportaciones por US$4.294 millones, que superan en 15,2% a las realizadas un año atrás y que no llegaron a compensar los US$10.302 millones de importaciones acumuladas (26% por encima de las compras entre enero y octubre de 2012).
Además, el volumen de importaciones acumuladas en 2013 supera a los montos totales anuales de 2011 y 2012, estableciendo un nuevo récord cuando aún restan dos meses para finalizar el año.
Este panorama lo completa un informe del Ieral que señala que las transferencias acumuladas a octubre superaron $80 mil millones, casi 50% de lo obtenido por las exportaciones agropecuarias. “Con tarifas que permanecen congeladas desde enero de 2012, los subsidios que otorga el Estado a la industria energética doméstica “se multiplicaron por 40” en los últimos ocho años”, indica el texto, que plantea que por cada cien dólares que exportan actualmente los productores agropecuarios, 47,8 dólares se destinan a la importación de combustibles, en un intento por satisfacer la demanda interna: casi el doble del promedio del mismo período de los ocho años anteriores.

Generación
Por el lado de la producción de energía, un reporte de Idesa apunta que las tarifas fijadas en valores “artificialmente bajos exacerban el consumo y desalientan la inversión. Las inconsistencias se disimularon durante mucho tiempo gracias a la expansión de la capacidad de generación de electricidad en años anteriores. Pero consumidas las inversiones acumuladas en la década de los ´90 llegaron los cortes”.
Para los autores del trabajo, las características de los cortes marcan un problema estructural, como es el de la falta de capacidad que tienen las centrales de entregar energía de manera continua a las distribuidoras: para evitar interrupciones es necesario que esa capacidad evolucione de manera consistente con la demanda de electricidad. Planteado de manera aproximada, el ritmo de crecimiento de la oferta energética debería ser similar al crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI).
Según información oficial publicada por la Compañías Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa) sobre potencia efectiva instalada y el Ministerio de Economía sobre el PBI para los últimos 20 años se observa que entre 1993 y 1998, el PBI creció a una tasa del 4,7% promedio anual y la potencia instalada de energía al 6,1% promedio anual; entre 1998 y 2003, el PBI cayó a una tasa del -2,3% promedio anual pero la potencia instalada de energía siguió creciendo al 4,0% promedio anual y entre 2003 y 2013, el PBI creció a una tasa del 6,5% promedio anual y la potencia instalada creció apenas al 3,2% por año.
Estos datos muestran que hasta el año 1998 la capacidad de generación eléctrica creció a un ritmo superior al de la economía. Con la caída en la producción cuyo pico se da en el 2002, se profundizó la holgura en materia de disponibilidad de energía ya que la capacidad de generación siguió creciendo mientras la actividad económica disminuía. Pero a partir del año 2003 las tendencias se revirtieron creciendo la potencia instalada en menos de la mitad que el PBI. “Esto inevitablemente, y más allá del clima, derivó en la crisis actual”, sostiene Idesa.
Para la consultora el insuficiente crecimiento de la capacidad de generación se explica por la deficiente política de regulación eléctrica. Una arista central es la fijación de tarifas artificialmente bajas compensadas con subsidios. Entre 2003 y 2012 el costo de generar electricidad se multiplicó aproximadamente por nueve, pero los precios que pagan los usuarios por tres. Para paliar semejante inconsistencia, Cammesa recibe fondos del Tesoro nacional.