Sociología cuartetera



Por Gonzalo Neidal

UN DIA DE FURIA  Un día de furia Un día de furia Un día de furia sin control perdidos en la noche más oscura Como un perro atado que han soltado como condenado que para siempre se ha fugado tú estabas ayer, tú estabas ayer Levantaron palos desbocados la ventana se rompió y todos se odiaron hasta amanecer, hasta amanecer Anarquía en la ciudad sin estallido social por favor mi amor no llores más almas que no olvidarán esto tiene que acabar basta de violencia yaaaaa Un día de furia un día de furia sin control perdidos en la noche más oscura Y al final todos saqueamos si no hay canas en el barrio nos matamos entre hermanos me desconocés, te desconocés Salen franco tiradores, justicieros vengadores con manos manchadas por toda la sangre jugando a la ley jugando a la ley Anarquía.... En aquel diciembre de 2013 en nuestra sociedad se rompió una ventana producto del individualismo y el consumismo insaciable como cultura... en un mundo capitalista. Millones de personas deseando objetos materiales resignados a no poder comprarlos. Por esos días las fuerzas policiales en reclamo de mejoras salariales se acuartelaron dejando las ciudades liberadas generando un enfrentamiento de todos contra todos. Saqueos, vandalismo, muertes y destrucción por parte de todas las clases sociales. ese día será recordado tristemente... como un día de furia.
UN DIA DE FURIA
Un día de furia
Un día de furia
Un día de furia
sin control perdidos en la noche más oscura
Como un perro atado que han soltado
como condenado que para siempre se ha fugado
tú estabas ayer, tú estabas ayer
Levantaron palos desbocados
la ventana se rompió
y todos se odiaron
hasta amanecer, hasta amanecer
Anarquía en la ciudad sin estallido social
por favor mi amor no llores más
almas que no olvidarán
esto tiene que acabar
basta de violencia yaaaaa
Un día de furia
un día de furia
sin control perdidos en la noche más oscura
Y al final todos saqueamos
si no hay canas en el barrio
nos matamos entre hermanos
me desconocés, te desconocés
Salen franco tiradores,
justicieros vengadores
con manos manchadas por toda la sangre
jugando a la ley
jugando a la ley
Anarquía….
En aquel diciembre de 2013
en nuestra sociedad se rompió una ventana
producto del individualismo
y el consumismo insaciable como cultura…
en un mundo capitalista.
Millones de personas deseando objetos materiales
resignados a no poder comprarlos.
Por esos días las fuerzas policiales en reclamo de mejoras salariales se acuartelaron dejando las ciudades liberadas
generando un enfrentamiento de todos contra todos.
Saqueos, vandalismo, muertes y destrucción por parte de todas las clases sociales.
ese día será recordado tristemente…
como un día de furia.

En los vertiginosos tiempos que corren, la creación artística se nos presenta a tono con la velocidad de la comunicación, que es casi instantánea. No se habían apagado aún las humaredas de los hechos vandálicos de la primera semana de diciembre, cuando ya apareció un testimonio musical con pretensiones sociológicas y algunas gotas de demagogia, que intenta explicar y sacar conclusiones sobre los acontecimientos.
Prestamente, el hijo de uno de los cuarteteros más prominentes de toda la historia de esa música cordobesa, nos arrojó una composición donde nos relata su visión sobre los robos, saqueos y desmanes. Nos referimos a “Un día de furia”, cuya letra completa puede leerse en el recuadro que acompaña esta columna.
Se trata de un hecho valorable, teniendo en cuenta que pese a la dispersión de pertenencia social de los participantes, que muchos han señalado, es probable que entre el habitual público del cuarteto abunden los protagonistas de estos hechos. La intención del autor es –probablemente- “parar la mano”, llamar a la reflexión, apostar a la calma.
Es curioso: se trata del tipo de mensaje que hace pocos días reclamaba a los cuarteteros el legislador Aurelio García Elorrio respecto de la droga, hecho que desató el enojo de Carlos “la Mona” Jiménez. Ahora, sin que nadie se lo pida, su hijo Carli es quien intenta llevar un mensaje de sosiego hacia su público. Se propone decirle, probablemente, que no está bien saquear, robar, apoderarse de los bienes ajenos mediante actos de violencia. Pero… ¿lo logra?
En uno de sus tramos, que mejor resume todo el verso, el autor dice:

Y al final todos saqueamos
si no hay canas en el barrio
nos matamos entre hermanos

La verdad es que no todos saqueamos. Los saqueadores fueron una minoría abundante pero minoría al fin. Pero el párrafo más revelador es el que alude a que “nos matamos entre hermanos”. Allí se pone en un mismo nivel de responsabilidad a los que atacan y saquean con los que intentan defenderse. Todos somos hermanos, sí. Pero unos rompen cortinas para entrar a robar y otros intentan, como sea, defender los que les pertenece. Hay una pequeña diferencia que el autor no parece percibir o, si lo hace, no considera importante. Llama a la calma a ambos bandos sin discriminar a unos de otros.
Más abajo, comienzan a consolidarse con claridad un cierto perfil o posicionamiento del autor. Dice:

Salen franco tiradores,
justicieros vengadores
con manos manchadas por toda la sangre
jugando a la ley
jugando a la ley

Exagera el poeta cuando alude a la existencia de francotiradores. Ha de referirse seguramente a los propietarios de comercio que se subieron a los techos de sus negocios, armados, a defenderse de los que intentaban vaciarlos. Estos comerciantes armados parecen molestar especialmente al autor pues a él destina uno de los párrafos más severos de la canción. A ellos les atribuye “manos manchadas de sangre” cuando en realidad eran simples defensores de sus pertenencias que, por la ausencia policial, apelaron a las armas para preservar su patrimonio y poder continuar trabajando al día siguiente.
Pero el autor va por más. En realidad, uno espera una condena explícita a los saqueadores pero eso nunca llega. Diluye su responsabilidad en la batalla de todos contra todos, cuestiona a los comerciantes que defendieron sus comercios arma en mano pero no señala con claridad a los que rompieron vidrieras y cortinas y se llevaron mercadería a sus casas, a veces matando a los comerciantes que intentaban defenderse. Cuando llega el momento de hacerlo, el autor se va por la tangente sociológica:

En aquel diciembre de 2013
en nuestra sociedad se rompió una ventana
producto del individualismo
y el consumismo insaciable como cultura…
en un mundo capitalista.
Millones de personas deseando objetos materiales
resignados a no poder comprarlos.

El problema parece ser, entonces, mucho más profundo de lo que pensábamos: el individualismo, el consumismo insaciable y… ¡el capitalismo! Gente que desea objetos que no puede comprarse y se resigna a no poder hacerlo. Pero no se resigna a obtenerlos mediante la violencia. Pero para ellos, para los saqueadores, no hay un solo párrafo de censura. Son unas pobres víctimas del consumismo.
Sería exagerado decir que el poema de Carli Jiménez fomenta los saqueos. De ninguna manera lo hace. Más bien toma distancia de esos hechos. Pero patina cuando llega el momento de condenar a los protagonistas. Habla de una ventana que se rompió pero no ve la piedra que la destruyó. Y mucho menos al que la arrojó. Evita referirse a él. Prefiere descargar las culpas en un difuso “consumismo” lavador de culpas.
Pero no por eso (o más bien precisamente por estas omisiones) la canción es reveladora y robustamente testimonial. Nos da una visión particular de los saqueos y, como todo poema, nos habla del poeta y de su público.