Argentina: fin de ciclo y factores reales de poder

Por Fernando Rosso
[email protected]

p10-1Cuando la tendencia es decreciente y todas las variables van en declive, las recuperaciones tácticas del kirchnerismo duran lo que un suspiro. El “gran regreso” de Cristina Fernández -luego de un mes de “gran ausencia”-, recuperando el centro del escenario político en dos tiempos (de Simón a Capitanich) quedó en el olvido, entre motines de uniformados, balas, saqueos y cortes de luz.
Los factores reales de poder irrumpen, ganan autonomía y ocupan la escena cuando más se pone en evidencia el fin de ciclo (económico y político). Lo que se ha denominado la “Triple B” del poder real bajo el kirchnerismo: Barones pejotistas, policía Bonaerense (y gemelas del resto de las provincias) y Burocracia sindical, quedan al desnudo como los verdaderos pilares del régimen político.
Una fracción de los “barones”, el pejotismo del NOA y el NEA, entró por la puerta grande a la coalición de gobierno, encumbrando a uno de sus hombres en el Ejecutivo y con poderes de verdadero Primer Ministro.
La corporación policial hizo su “sorpresiva” aparición con los métodos con los que se maneja cotidianamente: prepotencia patotera, conspiraciones y zonas liberadas, chantaje y apriete con la “crítica de las armas”. Solo que esta vez su objetivo no fueron los jóvenes de las barriadas populares, sino el mismo centro del poder político.
Todos los gobiernos, tanto el nacional, como los provinciales, sean peronistas oficialistas, peronistas disidentes, socialistas o radicales, cedieron al chantaje y aunque la casa no estaba en orden, igualmente recitaron a coro su “felices pascuas”.
En la última trinchera resiste en la debilidad de su propia división, en su cuestionamiento por arriba y por abajo, el último pilar del poder real: la burocracia sindical. Pese a la inflación, que si no es galopante por lo menos va al trote rápido (40% anualizado en alimentos), la pérdida del poder adquisitivo, el malestar por la “paritaria express” que obtuvo la policía; los dirigentes sindicales no pasan de la amenaza o de las medidas aisladas cuando corre el riesgo su cabeza, justamente por no estar “a la cabeza”.
Crisis, sociedad y Estado
Si Once puso sobre el tapete el derrumbe del transporte y los cortes de luz el agudo déficit de la energía, la inflación desnuda la crisis del todo; o de lo que el relato llamó soberbiamente el “modelo”. La estructura de la economía nacional no implosiona, porque se mantiene la ruleta de los precios de las materias primas, sobre todo del agro, pero su profunda debilidad se observa en “pequeñas” catástrofes que se manifiestan en cuotas.
La Argentina dual, legada por el llamado “neo-liberalismo”, se naturalizó y hasta se asentó en la “década ganada” y empieza a ampliarse en proporción directamente proporcional a la inflación, así como a otras variables económicas, como el trabajo precario (25% de pobreza, llegando al 40% entre los menores de 18 años, 35% de trabajo en negro).
Ese fue el trasfondo de la constitución social que llevó a una polémica imposible. Aquella que enfrentó a académicos y analistas en torno a si los saqueos desatados por los motines eran exclusivamente una conspiración o exclusivamente un estallido social. Imposible de resolver en esos términos porque las dramáticas escenas vividas en Córdoba, Tucumán, Entre Ríos y otra decena de provincias argentinas, tuvieron el condimento de conspiración y estallido.
La otra disyuntiva impotente que el “fin de ciclo” viene poniendo sobre la mesa es aquella que se disputa en torno a las funciones del Estado. “La idea de que del neoliberalismo se sale con más Estado es una fórmula que debe problematizarse, tanto porque los estados latinoamericanos están lejos de ser inmunes a la lógica neoliberal, como porque el neoliberalismo no es un desprecio al Estado, sino una forma específica de estatalidad” (Revista Crisis Nro. 17, Diciembre 2013). En lo esencial es muy válida la definición, sobre todo si se tiene en cuenta que los llamados gobiernos “pos-neoliberales” no fueron hacia una dirección única de “ampliación del Estado”, sino que su “estatalidad específica” se asentó sobre las bases conquistadas por la etapa anterior: leyes estatales de regulación del trabajo, privatizaciones sostenidas con la excepción de las que se caían encima, “nacionalizaciones populistas” que mutaban inmediatamente en nuevas privatizaciones “neoliberales”. Combinado con intervenciones en áreas críticas o planes sociales precarios posibilitados por el crecimiento económico. Dicho epigramáticamente, “neoliberalismo + desechos de Estado”.
Porque otra de las grandes conclusiones que surgen de larga dependencia y decadencia estructural argentina, es que la cuestión del Estado no está en la forma sino en el “tipo”, que como siempre, está determinado por su carácter de clase.
“El avance de la izquierda radicalizada y la unificación sindical son dos temas cruciales para los dos años que se vienen. Y eso hay que juntarlo con la crisis de las organizaciones sociales del kirchnerismo”. El que habla no es algún intelectual de izquierda radical, sino una de las nuevas plumas predilectas del diario La Nación, Carlos Pagni. El afilado escriba moderno de la “tribuna de doctrina” da en el clavo de los peligros para las clases dirigentes y las oportunidades para la emergencia de una nueva identidad de la clase trabajadora. La crisis y división inédita del sindicalismo peronista, así como de las organizaciones sociales del kirchnerismo, abren el horizonte para que la izquierda radicalizada (concentrada en el FIT), avance sobre los sindicatos para una tarea refundacional del movimiento obrero. Y tenga la capacidad y fuerza material (y militante) para poner en la agenda un programa y una perspectiva que no caiga en las trágicas alternativas de la forma de Estado, sino que apunte a transformar la Argentina desde sus cimientos.