El largo juicio a Petrone podría ir más allá de la feria



PetroneTuvo un larguísimo proceso de instrucción y su inicio innumerables postergaciones. Es comprensible, entonces, la dilación que está teniendo su dilucidación final. El juicio oral y público contra el empresario Jorge Petrone y otras cinco personas ya lleva tres meses y no está garantizado que termine antes de la feria judicial, aunque la Cámara Décima del Crimen ponga todo su empeño –se habla de realizar una audiencia este sábado y llegar con los alegatos el viernes 27- pero es muy probable que la exposición final del fiscal y los abogados defensores pase por encima del umbral de las fiestas y, con ello, la sentencia y sus fundamentos lleguen recién en febrero.
Si se observa la galería de personajes e impresentables que ha desfilado por este juicio se concluye con facilidad que su expectabilidad pública sólo se sostiene en la presencia en el listado de Jorge Petrone, el emprendedor inmobiliario más exitosos de la ciudad (su empresa, Gama, maneja largamente el 50 por ciento de la oferta). Lo demás, todos los sabemos, viene por añadidura, porque “el dinero no nos proporciona amigos, sino enemigos de mejor calidad”.
Algo de lo que aquí se dice ha quedado impactado en la trama de proceso, porque parece ser que, al mejor estilo Lewis Carroll, se trata de un juicio hecho con palabras. Por ejemplo, en sus interminables audiencias han desfilado más de 40 testigos y, de lo visto y oído, buena parte de la sustancia probatoria pasa por las contradicciones -a veces flagrantes- de los dichos en la instrucción y ahora en la audiencia por los testigos, y en las ya famosas sábanas de las compañías telefónicas solicitadas la por Cámara y cuya entrega se ha demorado hasta la impaciencia.
Esto ha relentizado el juicio. Se comprende por el valor documental que mencionamos de estos registros en una acusación sostenida básicamente en declaraciones. Las famosas sábanas permitirían determinar o dar indicios firmes si hubo o no contactos preparatorios (connivencia) para una maniobra fraudulenta de parte de Petrone con los dos principales aludidos en la maniobra, el escribano Alfredo Enz y Diego Oxandaburu.
Contrariamente a lo que se pueda presumir, la protesta de los empleados judiciales que prácticamente ha cruzado todo el juicio casi no ha incidido, lo que debe adjudicarse a méritos de los camaristas y a la suerte. Cuando se procese el contenido de las sábanas deberán cruzarse cerca de 3 millones de llamadas, fundamentalmente entre celulares, una tarea hoy posible por la tecnología informática
Esta semana, con precisión el martes, comenzó mal para la acusación. Ese día, el policía Ariel Llanos, importante para el fiscal, “casi” prestó testimonio. Vamos a explicar esta expresión “casi”, seguro muy reprochable por los penalistas. Llanos fue el miembro de Inteligencia Criminal de la Policía Judicial y destinatario de la consigna fiscal de investigar a todos los que participaron en cada una de las tres escrituras de un predio de 63 hectáreas a orillas de la autopista a Carlos Paz, presuntamente usurpado y que es el ley motiv de este juicio. Estas escrituras traslativas fueron hecha de Enz a Agustín Abraham Lapacó; de Gustavo Darío Prandi (con poder de Lapacó) a favor de Oxandaburu; y, finalmente, de Oxandaburu a Oscar García (primo hermano de Petrone, cajero de Gama y a quien Petrone le había pedido que compareciera como comprador).
El martes “casi” testimonió, decíamos, porque después de la primera pregunta de Marcelo Brito (defensor de Petrone). Súbitamente recordó que debía acompañar al médico a su esposa. Su presuroso egreso del recinto lució, más bien, como un recurso para evadir las preguntas del penalista, luego de una primera estacada que lo dejó incómodo.
Este hombre no había sido mezquino para presentarse a sí mismo, asegurando que había recibido formación del FBI con especialistas italianos, franceses e “internacionales” (sic).
Brito le recordó algunos protocolos, no sólo del FBI, de cómo debía interrogarse a una persona (tomar juramento, por ejemplo), para buscar detalles de su investigación. El policía formado por expertos internacionales dijo que no lo había hecho ¡Glup!. (Aunque esto caiga fuera de esta crónica, siempre debe tenerse presente que los policías, también jueces y fiscales, son empleados públicos).