Crecen los problemas del relato

Por Gonzalo Neidal

DYN002.JPGAl parecer, la década constituye el módulo maestro de la política y la economía argentinas.
Pasó con Perón (1945/55), con Menem (1989/1999) y ahora con el ciclo de los Kirchner (2003/2013). Probablemente sea una pura coincidencia sin base alguna en la razón. Pero se trata de una cadencia persistente. Así como Lepera nos señala que “veinte años no es nada”, diez años parecen suficiente para algunos ciclos de la política nacional.
Como advertía Mallea, todo verdor perece. Incluso los relatos, que no son otra cosa que explicaciones pretenciosas e infatuadas que intentan dejar bien parados a los que habitan transitoriamente el poder y pretenden permanecer ahí todo el tiempo que puedan. Porque, al parecer, de eso y de ninguna otra cosa se trata la política: conquistar el poder y permanecer. Las transformaciones pasan a un olímpico segundo plano. Sólo se consideran aquéllas que ayudan al objetivo principal. Hay que gastar el dinero en todo aquello que produzca réditos políticos más o menos instantáneos. Que la gente note el resultado en pocos minutos, en su bolsillo. Ello genera apoyos, votos. A menudo, estas acciones resultan inconvenientes para el largo plazo pero esto… ¿a quién puede importarle? En el largo plazo, estaremos todos muertos, señalaba sin demasiada imaginación Keynes. Entonces… ¡viva el consumo! Adelante con el gasto público “redistributivo” aunque sepamos que resulta desastroso para el plazo mediano y largo.
Pero todo relato llega a su fin. Los textos de ciencias sociales no pueden tener ambición de eternidad. Y los discursos políticos, mucho menos aún. La esencia del relato kirchnerista consiste en atribuir a su propio programa de gobierno, beneficios que pertenecen a una coyuntura internacional extraordinariamente favorable a países como el nuestro. Esto, en lo económico. En lo político, el gobierno se abrazó al progresismo y su visión conspirativa de la política.
Pero los años pasan, las situaciones van cambiando –muchas veces en el sentido previsto- y el discurso (“el relato”) comienza a chocar con la realidad. Ya no la expresa. Ya resulta evidente la distancia entre los dichos y los hechos. Y eso está pasando ahora, a veces alcanzando niveles grotescos. Es que la realidad, cuando es ignorada, se toma venganza en forma despiadada.

Milani
Uno de los casos más emblemáticos acerca de lo que decimos lo constituye el ascenso de Milani a la comandancia del Ejército. César Milani está acusado de delitos similares, si no peores, a los que han llevado a otros militares a condenas prolongadas. Pero los señalamientos sobre la conducta de Milani no los ha hecho la oposición ni la prensa enemiga. No: las ha realizado el CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) cuya figura más representativa es Horacio Verbitsky, periodista oficialista y consejero del gobierno en estos temas. El relato hace agua en uno de sus puntos fundamentales. Y las madres y abuelas debieron obedecer y digerir la galleta amarga que significa aplaudir a un militar desaparecedor de personas.

Bergoglio
Otro caso que dejó desairado al gobierno, que tuvo que rectificar su discurso de un modo vergonzante y oportunista. Durante largos años, mientras fue arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio sólo obtuvo el desprecio de Néstor y Cristina. No fue recibido tras 15 pedidos de audiencia. Tras ser designado Papa, mágicamente todo cambió. Algunos lenguaraces del gobierno llegaron a denostarlo inmediatamente después de su consagración, tratando de sumar puntos en la ruta ya señalada por el gobierno. Pero tuvieron que rectificar abruptamente pues la presidenta se hizo “francisquista”. Así, todos marcharon hacia Roma, con una gran sonrisa, tratando de congraciarse con la ola de fervor y simpatía popular por el nombramiento. Tanto oportunismo resultó patético y grotesco.
Garantismo
La abdicación del garantismo ha sido otra de las claudicaciones que le ha impuesto la política al gobierno. El “garantismo” es una corriente dentro del derecho penal –y de la política- que apunta a señalar a la problemática social como la causa eficiente del delito. Sobre esta base, se pretende marchar en el camino de la reducción de las penas y diversas modificaciones al derecho procesal que converjan a favor de las garantías individuales de quienes estén acusados de delitos, incluso graves. El garantismo es sumamente crítico de la “mano dura”, del agravamiento de las penas para los delincuentes, de la represión a los delitos, etc. Su líder indiscutido es el ministro de la Corte Eugenio Zaffaroni, oficialista confeso.
Pues bien, ya la presidenta se ha quejado de los jueces en varias ocasiones. Y lo ha hecho en la dirección contraria a este enfoque. Ha pronunciado la trillada frase acerca de que “los delincuentes entran por una puerta y salen por la otra”, sentencia que supone un pedido de endurecimiento para con la delincuencia. Se quejó de las absoluciones en el caso de Marita Verón (que la justicia acaba de rectificar) y otros parecidos. El secretario Berni, además, ha hecho declaraciones en la dirección contraria a la propuesta garantista.



Gieco
El cantautor León Gieco ha representado, recientemente, quizá la más vergonzosa contradicción entre los dichos y los hechos de este gobierno. Mientras moría gente en todo el país, en medio del caos de los saqueos, la huelga policial y la desazón generalizada, la presidenta no tuvo mejor idea que ratificar los festejos por los 30 años de democracia. Mientras saqueaban y quemaban comercios en varias provincias, la presidenta bailaba y reía en un escenario. A su lado estaba León Gieco. Pretendía hacernos creer que a él, la muerte no le era indiferente. El relato chorrea hipocresía.

Carlotto
Con cierta saña impensada, las circunstancias han hecho que Estela Carlotto, la abuela siempre sonriente, pronunciara una frase macabra. Preguntada por las muertes ocurridas durante los saqueos, dijo: “hay que ver quienes son esos muertos”. Algo habrán hecho, ¿verdad, Carlotto?

Capitanich
Han bastado un par de semanas para que la gente le pique el boleto a Capitanich. Ahora todos saben que dice vaguedades. Generalidades. Pura fraseología inconducente. Pero en Carta Abierta han recibido su palabra como si fuera la de un Premio Nobel en Ciencia Política. Y Capitanich estuvo a la altura de su auditorio. Le informó las conclusiones de su profundo estudio de la realidad política y social de los recientes desmanes. Sentenció: “los saqueos son un resabio de la dictadura”. Y todos aplaudieron hasta ver enrojecidas sus manos. Sociólogos, filósofos, politólogos, economistas, historiadores se miraban entre ellos con inconfundibles gestos de aprobación. Apretaban sus labios y movían la cabeza con gesto de asentimiento, como diciéndose unos a otros… “¡Qué bárbaro! ¡Cuánta verdad hay en sus palabras!”.
Así está el relato: haciendo agua por todos lados. Cantantes, actores, intelectuales haciendo el ridículo y defendiendo lo indefendible. Visto desde afuera, se trata de un espectáculo lamentable, patético. De esos que producen, en los espíritus pudorosos, vergüenza ajena.
Tanta degradación, produce tristeza. Y desprecio.