La tercera ola nacional de saqueos

Por Centro de Estudios
Nueva Mayoría

Entre 1989 y 2013 inclusive han tenido lugar en Argentina 3.272 hechos de saqueo.
Entre 1989 y 2013 inclusive han tenido lugar en Argentina 3.272 hechos de saqueo.

El seguimiento cuantitativo de los saqueos que a través de los medios de comunicación viene haciendo el Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría en el último cuarto de siglo, muestra que entre 1989 y 2013 inclusive han tenido lugar en Argentina 3.272 hechos de este tipo.
El fenómeno irrumpe a fines de los años ochenta, cuando con el estallido de la hiperinflación a mediados de 1989 tienen lugar 676 saqueos, los que en general se concentraron en el conurbano de las ciudades más importantes. Con mucha menor intensidad se repiten a fines de 1990, cuando tiene lugar la hiperinflación en el comienzo del gobierno de Menem: ese año se registran 95.
Una década más tarde reaparece el fenómeno cuando, al estallar la convertibilidad a fines de 2001, tienen lugar 875 saqueos, los que continúan en las primeras semanas de 2002, en la cual ocurren otros 151. Hasta el año 2002 los saqueos reaparecerán esporádicamente y con baja intensidad.
En 2003 se registran 14; en 2008, 9; al año siguiente (2009) sólo 5; en 2010 y 2011 se contabilizan 26 y 11 saqueos respectivamente. Pero el fenómeno reaparece con fuerza en diciembre de 2012, cuando tras iniciarse en Bariloche, se extienden a varias provincias del país, incluyendo Buenos Aires y Santa Fe. No alcanza la fuerza y extensión de los saqueos de 1989 o de 2001, pero muestra que puede ser un fenómeno que se nacionaliza. Ahora, en lo que va de 2013 se contabilizan un total de 1182 saqueos, lo que constituye una manifestación incluso superior a las registradas en 1989 y 2001.
Si bien inicialmente se concentraron en Córdoba -donde se contabilizan un millar-, se han extendió también a Santa Fe, varios lugares de la provincia de Buenos Aires, Entre Ríos, Catamarca, San Juan y otras provincias. El lunes 9 de diciembre se contabilizaron 116 saqueos de comercios en un solo día, pero en una decena de provincias. Los muertos alcanzan a 9, incluido un policía de la provincia del Chaco. Los heridos son centenares y los detenidos miles, aunque no hay información oficial.
Pero esta tercera ola nacional de saqueos en un cuarto de siglo tiene fuertes diferencias con las anteriores. Ante todo no se corresponden con una situación extrema de crisis económica como sucediera en 1989 y 1990 o en 2001 y 2002. En segundo lugar, en ambas situaciones el detonante fue la situación delicada de la pobreza extrema; en cambio ahora lo es la extendida protesta policial, que potenció el brote iniciado en el Gran Rosario la semana antes de las medidas de fuerza de las policías provinciales; en las dos situaciones anteriores los saqueos fueron protagonizados por sectores que vivían en la indigencia o pobreza extrema, en cambio ahora también participan sectores de la clase media baja; por último, los alimentos fueron lo más robado en las dos oportunidades anteriores, pero ahora los electrodomésticos y la indumentaria son una parte importante del botín.
En 2001 irrumpieron las imágenes de televisión como un factor relevante, ya fuera tanto para generar un efecto de imitación en unos como para infundir temor en otros. En 2013, a este efecto se le suman las redes sociales, que han sido utilizadas para convocar y para vender lo robado: que quienes participaron en los saqueos utilicen también las redes sociales evidencia por un lado la alta penetración que hoy tienen estas redes en Argentina, pero también la participación que en este fenómeno social -que no deja de ser un delito- tienen los sectores de clase media-baja.
A ello se suma que el narcotráfico y el consumo de drogas son más relevantes en la población, que las barras bravas han creado nuevas redes de delincuencia organizada y que, por la inseguridad, hoy es más alto el porcentaje de la población total que está armado.
En consecuencia, la Argentina está frente a una ola nacional de saqueos como sucedió en 1989 y 2001, pero las causas no son las mismas y, sobre todo, tienen lugar sobre una sociedad que ha cambiado mucho desde entonces.