Mestre aún sin cambios, a un mes de los comicios

Por Gabriel Osman
[email protected]

Mestre inaugura periodo se sesiones en CPC ColonLa señal por excelencia de los últimos comicios del 27 de octubre fue de resultados por lo menos complejos para todos los oficialismos. Mirándolos desde Córdoba, el gobierno nacional sufrió un duro revés en el distrito electoral clave del país, la provincia de Buenos Aires; la administración peronista de Córdoba logró una módica victoria; y el intendente radical arañó un muy discreto 20,07%. Todos buscaron algún motivo para celebrar o disimular, tratando de imponer, en una segunda disputa, la interpretación de los hechos.
Estas demandas escénicas son comprensibles, siempre y cuando su dirección sea la correcta: el público. Hacia adentro, hay o debe haber más sinceridad. Esto es lo que sucede con normalidad y puede verificarse en las decisiones institucionales posteriores a los comicios, en el procesamiento de los datos y en la toma de medidas correctivas. Hasta el más plácido conformista debe consentir que lo mejor es mejorar, ni hablar con esos resultados.
La semana pasada alumbraron fuertes cambios en el gobierno kirchnerista, demorados quizás por el repliegue forzoso de la presidenta de la Nación. En la provincia la situación es otra. Todavía no hay anuncios pero sí hay decisiones que indican una inminente reingeniería del gabinete, con cambios de organigrama y nombres. En cualquiera de las versiones –todas originadas en El Panal-, las modificaciones son de escala y se harán públicas después del intermezzo que se tomó De la Sota en su viaje a China.
En la Municipalidad, al revés, el silencio aturde. Por cierto, hay rumores de los que se hace eco el periodismo –este diario incluido-, pero de boca del intendente sólo negativa de cambios, en el mejor de los casos. Es obvio que el discreto porcentaje obtenido no puede alimentar muchas expectativas, por más que Ramón Mestre haya comprobado en las elecciones del 18 de septiembre de 2011 que se puede ser intendente con el 36%, un record al revés desde 1983 a la fecha.
Aquello fue una alineación única de astros: el peronismo que concurrió dividido –Olga Riutort y Héctor Campana- que en conjunto obtuvo el 50% de los votos y Luis Juez, que había incursionado en la provincia descuidando su coto, que puso un muleto que apenas obtuvo el 8%. Un regalo.
Al aproximarse Mestre a la bisagra de la segunda mitad de su mandato -10 de diciembre- lo que no haga de aquí en más ya le será un imposible o algo muy parecido. Tal vez deba recuperar la interpretación que dio una satisfactoria explicación de su triunfo de 2011: ganó porque su partido ha desarrollado, por lejos, las mejores administraciones municipales que la ciudad recuerde, y porque el nombre Mestre dice autoridad y dice orden. Fue una puesta en valor con efectos diferidos hasta de los defectos por excesos de los gobiernos de Ramón Bautista Mestre. Fue tan sencilla la fórmula que ni discursos necesitó: contención de los gastos corrientes y fuerte obra pública.
Esta fórmula que Ramón Javier Mestre puede reclamar hasta testamentariamente, no la ha aplicado. Dicho más piadosamente, su equipo no la ha sabido aplicar, pero en este caso él parece haber transitado los dos primeros años de su mandato de cuatro, armado con el bucólico sustituto del laissez faire.
Ha montado un equipo que con el mezquino aval electoral del 21% debería ser cualificado para que no luzca como un gabinete de subsecretarios. Por atribuciones y consideración interna, sólo hay dos excepciones, que son las de Sergio Torres (General) y Diego Dequino (Economía). Pero excepciones por disfunciones. Tratándolo al Suoem con deferencias y concesiones, el primero, y subiendo impuestos para aumentar ingresos que invariablemente van a parar al sindicato, el segundo.
Todo intendente y funcionario municipal de la ciudad Córdoba sabe o debiera que la madre de todas las batallas es controlar el gasto en sueldos. Torres, el funcionario que funge de empleador, no lo ha comprendido. Le ha prometido al intendente como “objetivo” 2013 una dedicación salarial del 61,5%. Mientras dibuja este número, que difícilmente alcance para que la Municipalidad vuelva a ser viable, ha consentido un aumento de la planta con 800 nuevos empleados. Todo muy difícil.