El ShowMatch debe seguir

Por J.C. Maraddón
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ilustra fortSi hay una película en la que Nicole Kidman confi rmó no ser solamente una cara bonita, esa fue “Todo por un sueño”, una obra fi rmada en 1995 por el director Gus Van Sant, que venía trasegando el circuito alternativo desde mediados de los ochenta. Si bien el film tuvo la mala suerte de que ese año varios tanques de taquilla le restaran participación en la entrega de los Oscars, su estreno en las salas comerciales cordobesas atrajo una buena cantidad de público.

La historia de una chica que soñaba con ser una estrella de la TV y que estaba dispuesta a cualquier cosa con tal de conseguirlo, no podía ser más oportuna para mediados de los años noventa, época en la que la profesión de “trepador” se consolidaba entre las más populares. En el largometraje, la protagonista arrancaba dando el informe meteorológico, pero eso no implicaba que en los casos similares de la vida real todos los aspirantes a ser famosos arrancaran desde ese mismo lugar.

En esa época, Marcelo Tinelli ya reinaba en el prime time televisivo, con su imperio construido a partir de un ciclo deportivo de medianoche, que derivó en shows, sketches humorísticos y realities en una cadena de producción que funcionó sin parar hasta 2012. No resultaba difícil asociar, entonces, eso que mostraba “Todo por un sueño” con las tropelías de aquellos atorrantes a los que Tinelli convocaba para sus imitaciones o sus cámaras ocultas.



Tipos, algunos de ellos, que eran capaces de destruirle el auto a un pobre infeliz para después, cuando la víctima experimentaba un estallido de ira, frenar su furia diciéndole que “era una broma para Marcelo”. Gente que podía
participar como panelista de un supuesto programa conducido por una modelo, y descargarse con una batería de palabrotas ante la desesperación de la chica, hasta que la burla fuese puesta en evidencia.

Unos cuantos entre esos artistas de variedades aprovecharon la volada y empezaron a escalar posiciones en la industria televisiva, tanto dentro como fuera de la escudería del gran capitán. Miguel Angel Rodríguez, por citar solo uno de ellos, terminó asumiendo el protagónico de una telenovela. Y el resto deambuló por canales de aire y de cable con suerte diversa, cuando no retornaban al por entonces “VideoMatch” en algunas de sus temporadas. Personajes como el Teto Medina -que todavía mantiene su vigencia como panelista de programas chimenteros- Larry De Clay o Lanchita Bissio, tuvieron su cuarto de hora gracias al prestidigitador del rating que ahora anuncia un atronador regreso para el año 2014. Con mayor o menor dosis de talento frente a cámara, todos pasaron por esa picadora de carne insaciable que año tras año iba precisando mayor cantidad de materia prima.
Cuando “Bailando por un sueño” se estabilizó como formato perfecto para el funcionamiento aceitado de la productora Ideas del Sur, la necesidad de fi guritas y fi gurones se multiplicó y las puertas de los estudios se abrieron a los castings más insólitos. La pesadilla que narraba la película de Gus Van Sant se hacía, entonces, más patente que nunca; los candidatos a ídolos se contaban por decenas y la gente se enganchaba con sus historias de desencuentros amorosos, de crisis familiares y de enfermedades inconfesables.

En ese juego perverso, Ricardo Fort (fallecido ayer a los 45 años) encajó como una pieza diseñada a tal efecto: millonario, de sexualidad compleja, excéntrico, impetuoso, con inquietudes artísticas y, sobre todo, con un deseo
irrefrenable por ser el centro de atención del público. Sin caer en la psicología barata, las evidentes necesidades afectivas de Ricardo Fort –a las que él intentaba contrarrestar a fuerza de dinero- le entregaron en bandeja a Tinelli un fenómeno mediático de proporciones.

Ya se sabe, la popularidad puede ser cruel con quienes la detentan. Y aunque los admiradores dicen que darían la vida por sus ídolos, en realidad suelen ser estos últimos los que mueren ahogados por la fama. Mientras tanto, el “ShowMatch” debe seguir. Y no faltarán postulantes que -como Fort- lo den todo por un sueño.