Heredero de sí mismo

Por Gabriela Origlia

p09-11Cada vez que hay cambio de ministros –y en especial de Economía- la pregunta casi obligada es qué herencia recibe, en qué campo le tocará actuar, qué problemas enfrentar. En el caso de Axel Kicillof nadie como él conoce lo que recibe porque es uno de los hacedores. Desde fines de 2011 era el virtual titular de Economía y, a medida que su cercanía a la presidenta Cristina Fernández crecía, sus consejos en diferentes áreas se iban instrumentando. Por supuesto, el de más trascendencia pública fue la estatización de YPF y la defensa de que a Repsol no le corresponde ni un peso.
El escenario que enfrenta ahora como ministro formal es un país con una inflación cercana al 28% anual, un Banco Central con las reservas más bajas desde hace siete años (US$ 33 mil millones), una actividad económica amesetada y con expectativas conservadoras de cara al 2014 y sin creación neta de empleo privado hace más de un año. Algunos de los problemas que se fueron acentuando con el tiempo surgieron con la instrumentación del cepo y con el desconocimiento por parte del Gobierno de la inflación, con lo que –sin ningún tipo de paliativo- fue profundizándose.
Kicillof llega con su prédica de desdoblar el mercado cambiario y, con la renuncia del hasta este martes “incombustible” Guillermo Moreno, con la suma del poder económico. La mayoría de los expertos admite que modificar el esquema cambiario, en el corto plazo, ayudará a recuperar reservas y –si se aplica a las economías regionales- a mejorar la competitividad. Claro que conlleva riesgos, como la aceleración de la inflación (es una forma de devaluación) y un aumento de las presiones sectoriales porque, descuentan los expertos, los diferentes rubros buscarán acceder a las ventajas. Por sí sólo desdoblar el mercado no alcanza, va a requerir de un plan integral que genere confianza.
El mercado desdoblado ayudará a evitar que las divisas salgan, pero la Argentina necesita que entren. Y para que ese flujo se produzca no alcanza con lo que Hernán Lorenzino pueda conseguir en su nuevo rol, sino que se deben recrear las condiciones para las inversiones. En el mundo hay liquidez, hay dinero que busca dónde ir. Los antecedentes de Kiciloff –por sus declaraciones públicas y por su accionar- no son los más promisorios para convocar a los empresarios. Se jacta de descreer del “clima de los negocios” y es un convencido de que los privados deben rendir sus números al Estado que debe intervenir en sus márgenes de rentabilidad.
Desde que se conoció que Juan Carlos Fábrega conducirá el Central, economistas y empresarios elogiaron su figura frente al Nación, entidad que presidió hasta el lunes, y manifestaron sus expectativas de que devuelva el orden al BCRA. Sin embargo nadie es tan ingenuo de pensar que la mejora de las reservas se logra con un funcionario prolijo; la recomposición depende de la macroeconomía. Con la salida de Moreno, Kicillof quedará con el terreno libre para reorganizar el Indec y para decidir qué hacer en materia inflacionaria y hasta energética. Hasta ayer en todas esas áreas el ex Secretario tenía ingerencia.
Este martes Kicillof prefirió no hacer comentarios. Se limitó a decir que hoy, cuando asuma, hablará y que no dudó “ni un minuto” en aceptar el cargo cuando la Presidenta se lo ofreció. Por más que el descrea del ambiente de los negocios, su nombre era número puesto ya que no había fichas suficientes para Diego Bossio, a quien Amado Boudou impulsaba para el Ministerio. Era muy extraño que un “derrotado” en el gabinete pusiera a su hombre. Kicillof –a quien Cristina Fernández no le gusta que le llamen “marxista”- era la apuesta de quienes entendían que habría una ratificación del modelo con una rotación en las sillas. La ida de Moreno -dicen algunos- fue una condición impuesta por Jorge Capitanich. Ahora habrá qué ver qué relación tiene el Jefe de Gabinete con el Ministro.