Tiempo de rectificaciones

Por Gonzalo Neidal

KD9L2538Luego de varios días de sesión secreta, las máximas autoridades de China han hecho conocer una nueva serie de medidas políticas y económicas que son ciertamente reveladoras de una profundización del curso tomado por la dirigencia de ese país.
En lo social, las resoluciones podrán parecer elementales a los ojos de cualquier democracia occidental. Pero denotan una senda clara respaldada por una voluntad transformadora que a medida que se profundice se vuelve más y más irreversible y que conduce a escenarios de mayor libertad individual en todos los terrenos.
La flexibilización de la norma que restringía la procreación a un único descendiente bajo la amenaza de multas expropiatorias significa la posibilidad de más hijos para el caso de padres que revistan la condición de hijos únicos. También fueron abolidas las restricciones para la mudanza de los pobladores entre ciudades pequeñas, con la promesa de avanzar también sobre la prohibición para poblaciones de mayor tamaño. Esto significará, paulatinamente, la migración hacia las grandes ciudades y el acceso de los pobladores rurales hacia niveles más altos de urbanización, educación, salud y confort.
También se avanza en la eliminación de la tortura y de los “campos de reeducación por el trabajo”, eufemismo con el que se denomina a los campos de trabajos forzados existentes desde 1950, equivalente al “gulag” soviético, donde son confinados los disidentes y críticos del gobierno y el sistema, en condiciones de explotación y opresión incompatibles con la dignidad humana.
En economía, las medidas adoptadas por el Comité Central del Partido Comunista son igualmente reveladoras sobre la dirección en que marchan las reformas:
Los grupos de empresas públicas recibirán la participación de empresarios privados en su conducción, a la vez que las empresas estatales serán crecientemente sometidas a mecanismos de mercados, entre ellos el pago de impuestos crecientes.
Los agricultores podrán disponer de sus tierras para ponerlas en garantía de operaciones financieras e incluso cederla a cambio de una retribución.
Una creciente cantidad de bienes fijarán sus precios conforme al mercado.
Los mecanismos de mercado se ampliarán al interior de la economía china ensanchando las normas económicas de filiación capitalista para favorecer el crecimiento de la economía.
Los observadores más cercanos de la realidad oriental valoran estos cambios como el paquete de medida más importante desde la iniciación del período de reformas en 1979, impulsado por Deng Xiao Ping. El estado continúa con un rol central en la conducción estratégica de la economía pero la ampliación de los espacios de libertad comercial son los que han ensanchado la capacidad productiva en las últimas décadas y los que han hecho del país oriental una potencia mundial que pronto desafiará el actual predominio de los Estados Unidos.

Laclau mira para otro lado
Los datos que llegan de China deberían ser tenidos en cuenta por la dirigencia política occidental en su conjunto pero muy especialmente por quienes conducen los destinos de países con riendas y conceptos populistas. Hace pocos días Ernesto Laclau, inspirador del gobierno de Cristina Kirchner, ratificó sus puntos de vista respecto del proceso local. Expresó sus deseos de que el gobierno argentino no desvíe su rumbo y continúe por el camino emprendido pues este modelo “ya está teniendo repercusión internacional”.
Los chinos saben de rectificaciones: cuando vieron que la rigidez del modelo iniciado por Mao los llevaba irremediablemente a la ruina económica, con imprevisibles consecuencias sociales, encontraron un camino alternativo en las reformas emprendidas hacia fines de los años setenta.
Los soviéticos, en cambio, murieron en la suya: el coloso se derrumbó. Las reformas de Gorbachov llegaron tarde y disolvieron de un plumazo el sistema instalado a partir de 1917 y consolidado hacia los años ’20, cuando se descartaron las reformas económicas introducidas por la NEP.
Salvando todas las diferencias del caso, Argentina se encuentra en una encrucijada similar: o se emprenden rectificaciones sustanciales o bien se confirma el actual rumbo ruinoso cuyas limitaciones, contradicciones y desatinos ha puesto al país en un tobogán con un destino tan previsible como irremediable.
Laclau, desde su confortable retiro londinense, sabe que los casos de Argentina y Venezuela son los únicos que van quedando para demostrar su teoría acerca de la excelencia y provechos del populismo. En realidad, Venezuela ya le resulta impresentable. Su presidente está desbarrancando hacia la nada y está siendo abandonado crecientemente por sus amigos políticos más cercanos.
A Laclau le va quedando la Argentina, que exhibe crecientes dificultades y se muestra cada vez más tentada (y necesitada) de acceder nuevamente al mercado mundial de capitales para contrarrestar como sea la merma de divisas. Eso supone aceptar un vínculo con el FMI, cancelar la deuda del Club de París, satisfacer a los holdouts y afrontar algunas indemnizaciones en el CIADI, incluso a fondos buitres.
Es un momento para tomar decisiones.
El ejemplo de China, habla de rectificaciones y abandono de conceptos rígidos apenas sostenidos por una ideología que se resquebraja. Una mirada hacia la URSS nos muestra un país empecinado en escenarios e ideas superados por la realidad.
¿Se animará Cristina a realizar cambios o, como le propone Laclau, se abrazará a un programa que conduce al derrumbe inevitable?