Médico investigado en el Clínicas ya fue procesado por irregularidades en Daspu

Por Gabriel Osman
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p07-1El cierre del año académico en la UNC puede que no sea todo lo pacífico que se preveía. La denuncia contra un médico del Clínicas por un presunto intento de cobrarle honorarios profesionales a una paciente del PAMI enferma de cáncer, va a generar seguramente mucho revuelo, aunque es improbable un desenlace dramático si la denuncia se ciñe, por toda prueba, a los dichos de la paciente y sus familiares. Y esto, más allá de la voluntad de esclarecer el caso de Gustavo Irico, decano de Ciencias Médicas, Facultad con jurisdicción en el hospital escuela de la casa de estudios.
La denuncia de la paciente, que apareció en La Voz del Interior, es en términos sucintos, que el médico ginecólogo Juan Carlos Ferrari pretendió cobrarle $ 23.000 por una intervención sobre el cáncer de útero que padece. Luego de trascender públicamente la denuncia, la UNC ordenó una investigación administrativa de eventuales derivaciones en sede judicial. La primera etapa, es una investigación a cargo del Tribunal Universitario, compuesto por 21 docentes, de los cuales se sortean tres para integrar la sala. Luego sobreviene una desestimación o el juicio académico que promueve el fiscal del citado tribunal. Y, si hay condena en sede administrativa, viene la presentación del caso en los Tribunales Federales.
A propósito de esta eventualidad, por ahora, un tanto remota. Ferrari ya fue procesado por la Justicia Federal en los años ’90, con precisión en el segundo mandato rectoral de Francisco Delich. Fue por irregularidades administrativas en la Daspu, cuando la obra social era una dependencia universitaria, la Dirección de Asistencia Social de Personal Universitario (de ahí la sigla que aún conserva). Luego, durante el segundo mandato de Carlos Menem en la Presidencia, una ley especial le dio a las obras sociales universitarias más autonomía y las englobó en la curiosa categoría de “públicas pero no estatales”.
Desde antes de ese cambio de estatus jurídico y después de eso, la Daspu ha atravesado procesos tumultuosos en forma casi permanente. Cuando fue procesado en los ’90, Ferrari se desempeñaba como secretario de Salud, mientras que la presidencia estaba a cargo del doctor Franco. El procesamiento llegó incluso a la detención de los dos mencionados, junto a Julio Saravia (hijo del presidente de la obra social durante la dictadura), luego de un allanamiento a la sede y otras diligencias ordenadas en su momento por el juez Ricardo Bustos Fierro, todavía hoy en el mismo cargo en los Tribunales Federales.
Pese a estas contingencias -perdidas en el tiempo y en las constantes judicializaciones que la administración que sobreviene en la Daspu somete casi invariablemente a la que lo precedió-, Juan Carlos Ferrari no ha sufrido mayores sobresaltos en su carrera docente, y en la actualidad se desempeña como profesor adjunto de la cátedra de Ginecología, flanqueado en la titularidad por un ex decano, Héctor “Cunga” Ferreira, y por el actual decano Irico como profesor asociado (de licencia desde que asumió el Decanato).
Esta vez el tranquilo tránsito de Ferrari por la carrera docente puede sufrir sobresaltos, pero está claro que las denuncias deberán sostenerse con algo más que palabras. Aun considerando que el decano Irico y hasta el propio rector Francisco Tamarit han de estar muy interesados en despejar dudas. Entre otras razones porque las 30.000 cápitas que le paga el Pami al Clínicas son el verdadero sostén financiero del hospital, en donde la obra social de los jubilados nacionales hasta abrió una sub sede.
Muy al margen de estos señalamientos, vale hacer algunas puntualizaciones sobre las irregularidades que se han cometido en dependencia de la UNC a lo ancho y largo de su historia. La Universidad Nacional de Córdoba es el tercer presupuesto público de la provincia, sólo detrás del propio Estado provincial y del de la Municipalidad de Córdoba. Todo esto, con órganos de control laxos, sin Tribunal de Cuentas y casi desobligada de generar recursos. Este es un cuadro que genera oportunidades objetivas para las irregularidades, por lo que nadie debería sorprenderse por éste o episodios similares.