Izquierda: festejos y nuevos desafíos

Por Fernando Pedrosa

Los candidatos del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (PO-PTS-Izquierda Socialista), Christian Castillo, Nestor Pitrola y Jorge Altamira.
Los candidatos del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (PO-PTS-Izquierda Socialista), Christian Castillo, Nestor Pitrola y Jorge Altamira.

Finalmente, el trotskismo volvió al Congreso. Desde aquella breve y recordada presencia de Luis Zamora en los ’90 (sobre todo por su histórico desplante a George Bush) esto no se había vuelto a repetir. El Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) obtuvo en las PASO un poco más de 900.000 votos en tanto que los números provisionales muestran que en estas elecciones generales superó holgadamente el millón. Además, coronó este crecimiento con la conformación de un inédito bloque de tres diputados nacionales que incluirá a Néstor Pitrola y Pablo López, del Partido Obrero (PO) por Buenos Aires y Salta, respectivamente y a Nicolás del Caño, del Partido de los Trabajadores por el Socialismo (PTS), por Mendoza.
El clima en las filas de la izquierda trotskista era de alegría, aunque matizada por que esperaban una banca más en la provincia de Buenos Aires, otra en Córdoba y que su líder, el incombustible Jorge Altamira, ingresara al Congreso para liderar este bloque. Aun así, el resultado es muy bueno e incluye la obtención de diputados provinciales: en Buenos Aires entró Christian Castillo del PTS, en la CABA Marcelo Ramal del PO y en Mendoza, además de tres diputados provinciales, sumaron un senador provincial.
Los motivos por los cuales se produce este crecimiento de la izquierda radical los esbozamos en el número 85 de el estadista y se resumen en una conjunción de hechos como el espacio libre que quedó a la izquierda del oficialismo, el impacto de la inflación y la crisis económica en sectores asalariados y la habilidad del FIT para unirse y presentarse en una forma amable ante un público que lejos está de identificarse con ideales revolucionarios a la vieja usanza. De hecho, el mayor apoyo al FIT proviene de las capitales y núcleos urbanos, incluyendo Salta, donde superaron a la lista del gobernador Juan Manuel Urtubey sostenidos casi exclusivamente por el voto capitalino.
Pero dejando a un lado la sorpresa y los festejos, la presencia de un partido antisistema en el Congreso abre una serie de interrogantes que comenzarán a aclararse en poco tiempo. El PO y el PTS han mostrado públicamente sus ideas y no se han disfrazado ni suavizado su discurso para conseguir más votos. Son partidos que se consideran a si mismos como revolucionarios y no cambiaran sus métodos ni su programa por haber llegado al Congreso, tampoco para aumentar la cantidad de votantes y menos para obtener favores del Estado.
Este diagnóstico prenuncia que sus políticas van a estar signadas por el rechazo y la confrontación permanente con todo lo que se realice en el Congreso, desconociendo incluso su misma legitimidad democrática como afirmó Altamira en sucesivos reportajes. Por ello, también surge la incógnita sobre cómo se procesará esta conducta en un ámbito donde, más allá de las rispideces coyunturales, el consenso es una marca registrada (sobre todo en el funcionamiento administrativo) entre los partidos tradicionales y nunca han convivido con activas impugnaciones radicales.
Un posible adelanto de esto se observó en los últimos días, cuando el FIT lideró una fuerte política de confrontación en la UBA. Denunciando una supuesta falta de democracia en los procesos electorales (que, de algún modo, habían legitimado con su presencia), ocuparon varias facultades desencadenando una serie de hechos que tuvieron un importante impacto mediático. Lo mismo había pasado semanas antes con la toma de los colegios (y antes en la ocupación de la Sala Alberdi en el Centro Cultural San Martín y con los paros sorpresivos en los subtes). Posiblemente esto les haya jugado en contra en la Capital, restándoles los votos que Altamira necesitaba para ingresar a la Cámara Baja. Esta estrategia de confrontación, diferenciación e impugnaciones tajantes del FIT es acompañada por la exigencia de que se cumplan todas las leyes que los benefician y protegen, al mismo tiempo que se desconocen aquellas que les imponen obligaciones formales. Esto les fue muy útil para avanzar en el ámbito universitario, pero es una incógnita de qué manera reaccionará la burocracia política, poco acostumbrada a reconocer nuevos actores y, menos aun, a exponer sus formas de relacionamiento en el ámbito parlamentario. Pero eso se verá en el futuro.
En diciembre, el Congreso incorporará tres representantes provenientes de la izquierda trotskista y eso es una novedad y, por qué no, un soplo de aire fresco frente a la persistencia de comportamientos y discursos muy apegados al poder y demasiado alejados de los ciudadanos.
(*)Publicado en elestadista.com.ar