Funcionarios tragicómicos

Por Gabriela Origlia

ilustra moreno x el aumento de la vacaArrancó María Lucila “Pimpi” Colombo, subsecretaria de Defensa del Consumidor y segunda de Guillermo Moreno en la Secretaría de Comercio. Ya acumula una serie de conceptos memorables en los últimos tiempos. Dio recetas de pan casero, aconsejó usar salsa blanca y no tomate, auguró el éxito de la Súper Card y el viernes se despachó con que “los problemas inflacionarios no son tales” y redujo la suba de precios a que hay “grupos que hacen mediciones” que “en realidad tienen intencionalidad política”. Este domingo, en un reportaje en Tiempo Argentino, su jefe volvió a negar la inflación y criticó las mediciones de las consultoras: “¿Cuánto está el kilo de asado? Si la carne no sube hace tres años en un país que consume principalmente alimentos, ¿de qué estamos hablando? No sube la carne, no sube el pollo”, afirmó sin ponerse colorado.
Entre los dos dejan en claro por qué los temas no se arreglan: directamente los desconocen. Los mismos que instrumentaron y explicaron cómo se iba a “mirar para cuidar” ahora reducen todo el problema de la suba de precios a una cuestión de estadísticas e ignoran lo que pasa en las góndolas.
El ex secretario de Finanzas del kirchnerismo, Guillermo Nielsen, recomienda a la presidenta Cristina Fernández aplicar en la economía la misma lógica que usó para con su salud: buscar a los mejores para resolver los problemas y generar credibilidad. Pimpi Colombo no colabora en absoluto con esa estrategia. Se cuenta entre los funcionarios que elogian el buen funcionamiento de la lista de los 500 congelados y festejan el acuerdo que les permite extender la medida hasta fin de año. No se dan por enterados que en ese listado no se incluye ni el 10% de los productos claves de la canasta básica aunque sobran tinturas, cremas depilatorias y desodorantes. Tampoco parecen interesados en el hecho de que, en paralelo al anuncio de la prórroga, Moreno autorizó subas de entre el 9 y el 18 por ciento en alimentos, productos de limpieza y de higiene personal.
Según las estadísticas privadas –las que Colombo y Moreno consideran con “intencionalidad política”- la inflación anualizada del segundo semestre del año alcanza el 30%. Si se toma todo el 2013, la medición rondará el 26%. Estas cifras indican que, por primera vez en una década, este año no habrá suba de los ingresos reales de los trabajadores. A lo sumo, cerrarán en un empate.
El Centro de Almaceneros de Córdoba coincide con las mediciones privadas. Según la entidad, la suba de la canasta básica alimentaria en octubre fue de 3,2% la más elevada del último año. La cifra implica que una familia tipo necesita para comer $2.600, número que se eleva a $5.125 si se incluyen todas las otras necesidades que debe cubrir el grupo. Desde el Centro mencionan varios factores de los que Colombo tampoco estaría informada, como es que los comercios pequeños no consiguen que le respeten los precios establecidos para determinados productos (un ejemplo es el aceite Natura, cuyo precio viene marcado en el envase pero que en almacenes, en general, se paga más porque ellos compran más caro); hay una retirada de segundas marcas más baratas y se multiplican las nuevas presentaciones (con aditivos o cambios de packaging) que cuestan más.
El dúo de Comercio Interior sigue con la inflación los pasos de algunos de sus pares con otros temas: reducen todo a una cuestión de opiniones y descalifican la realidad. No hay alza de precios, hay mediciones interesadas; no hay baja de reservas, se usa ese dinero para no tomar deuda externa; no hay cepo cambiario, hay abuelos amarretes. De hecho, Moreno dijo que “sustitución de las importaciones” no fue tan cuestionada. “No creo que haya habido tantos cuestionamientos. Solamente son opiniones publicadas. Cuando hablás con los actores no expresan cuestionamientos. En las mesas de diálogo ocurre lo contrario. Piden que esta política de administración del comercio siga”, señaló. Al ser consultado sobre si el Gobierno continuará aplicando trabas a las importaciones, Moreno respondió: “Por lo que puedo entender de las instrucciones de la presidenta, sí”. Es decir, no hay problemas. Entra todo lo que tiene que entrar. Los industriales que reclaman lo hacen para no perder la costumbre.
Sin embargo, puertas adentro se potencia la búsqueda de alternativas para poder aflojar el límite a las importaciones de manera de no impactar más en la actividad industrial y también se pretendenden conseguir dólares: negociaciones con fondos buitres, arreglos propuestos a empresas que ganaron juicios en el Ciadi, coqueteos con el Banco Mundial y el Fondo Monetario.
La intención es conseguir que lleguen divisas al país pero nada se estudia para flexibilizar su salida, desconociendo que buena parte de lo que no entra es porque después no tiene vía de escape. En el mundo hay dólares y si Argentina resolviera –o al menos diera señales en ese sentido- de querer reducir su inflación y achicar su déficit fiscal seguramente habría interesados en traerlos. Para que cualquier medida funcione hace falta credibilidad. Con sus declaraciones Moreno y Colombo no ayudan.