Votos de capital enfrentan a De la Sota y Mestre



Por Daniel Zen
[email protected]

ilustra mestre vs de la sotaTodo acuerdo bilateral puede ser estratégico e inclusive a largo plazo, pero se corta cuando una o las dos partes se meten en el territorio ajeno y empiezan a disputar poder.
Parece que es justamente eso lo que está ocurriendo entre el PJ y la UCR. O más precisamente, entre el gobernador José de la Sota y el intendente Ramón Mestre.
El “enamoramiento” acabó. Al menos por estas horas, por estos tiempos pre electorales donde la capital de la provincia, distrito con el 40% de los electores, es el baúl de legitimidad del radical y la llave de una hipotética victoria del peronista.
Ese radicalismo que se parece al peronismo en su aspecto pragmático, y ese peronismo que se suaviza en formas al estilo radical, hoy intentan diferenciarse el uno del otro, desdibujar lo que en estas páginas hemos dado por describir como Pacto del Panal.
Todo el primer año y medio de sus respectivas gestiones gubernamentales vino existiendo una colaboración mutua que a todas luces excedía lo institucional y se apostaba en el aspecto político: con mayor o menor potestad, cada uno es jefe actual de su partido, y aun siéndolo, se mostraban en público sonriéndose y abrazados. Mucho más sonrientes y mucho más abrazados, por ejemplo, que cada cual con sus propios “compañeros” y “correligionarios”, respectivamente.
¿No fue así? Basta ir al interior y preguntarle a algún intendente justicialista cómo le caían esas imágenes edulcoradas entre su capitán y el capital del otro equipo. O basta ir a la mismísima Municipalidad, al Concejo Deliberante, a los comités y consultarle a las segundas, terceras, cuartas líneas y militancia qué tan entusiasmados se sentían con el estilo neomestrista de conducción y con el tipo de relacionamiento instaurado con el PJ.
Pero el “enamoramiento” acabó, decíamos. O pasa por zonas de turbulencia. Unión por Córdoba ganó la capital después de años. Por muy poco. El mestrismo perdió, en la primera defensa de su victoria (ajustada) municipal luego de más de una década de derrotas. Por muy poco.
Efectivamente, eran las Paso, que valen pero no valen, se dirá. Pues bien, las elecciones del 27 de octubre, por más legislativas y nacionales que sean, si valen para la política autóctona.
Y entonces ahora hay intereses contrapuestos, antes no.
1) El tema de la Policía y su supuesta vinculación con el narcotráfico le generó a Unión por Córdoba un costo político en capital que le demandará un esfuerzo no imaginado para la conservación de votos circunvalación adentro. La campaña publicitaria “Provincia ilumina la ciudad” y las múltiples inauguraciones de mini obras en esta ciudad cabecera son a las claras un manotazo en ese sentido. El viceintendente radical, Marcelo Cossar, advirtió la jugada y en una cita en Fundación Mediterránea pidió al lado del ministro de Industria, Jorge Lawson, que Provincia se ocupe de gestionar lo suyo y que le dejara a la intendencia hacer lo que le compete en la ciudad.
2) El schiarettismo, que ahora huele sangre en el sector de Olga Riutort (el mismo sector que lo venció el 18 de septiembre de 2011), fantasea con el Palacio 6 de Julio en 2015, máxime después de la sangría de dirigentes delasotistas de la capital -léase Dante Heredia, por ejemplo-. En ese contexto, el gobernador de 3 mandatos que hoy necesita cuidar votos, no puede sino dejarle armar a los de su ex secretario de Economía y ex sucesor. Y así va el peronismo de capital, haciendo el rol de opositor que no tuvo durante año y medio. Generando de esa manera la reacción de un mestrismo que con el nombre de Diego Mestre inscripto en la boleta 3 dejará su huella sí o sí, pierda o gane, con todo lo que, en un caso o en el otro, eso implica para la política partidaria radical.

DARDOS CRUZADOS, ANTES INIMAGINADOS

De UPC a UCR
Fue el anuncio de Alejandra Vigo, la titular del bloque de concejales de Unión por Córdoba y esposa del primer candidato a diputado de esa fuerza, de una inminente denuncia penal a Ramón Mestre lo que inauguró en el día de ayer las belicosidades electoralistas.
Desdiciendo lo que prometió en campaña, el intendente ayer hizo aprobar en el Concejo Deliberante un subsidio con envase no retornable de $48 millones de pesos a la unión transitoria de empresas (UTE) conformada por Ersa y Autobuses Santa Fe, que eligió como beneficiaria de un contrato directo y provisorio para explotar por 6 meses el 40% del negocio más abultado de la Municipalidad, que es el transporte urbano.
La edil aprovechó el hecho y el contexto electoral y avisó que irá a la Justicia para que se investigue tal contrato, que ahora supone fraudulento o al menos sospechoso.
“Lamentó no haber obtenido respuestas al pedido de informes que presentamos sobre la concesión precaria del servicio, cosa que hubiese servido para arrimar algo de claridad a este proyecto”, decía a los medios al mediodía al tiempo que le ponía fecha (“hoy o mañana”) a la denuncia.

DE UCR a UPC
Luego Mestre, en otro orden de cosas diferentes pero retribuyendo estocadas, habló por radio y televisión para quejarse diplomáticamente de los recursos coparticipables y distribuibles que provincia no baja a la ciudad. Por supuesto que también se quejó de Nación, pues hablando de coparticipación, le era imposible no aludir al gobierno central.
“Es bueno que los recursos vayan a las provincias y a los municipios, sino uno tiene que estar peregrinando y no es bueno transformarse en soldados”, señaló el intendente (y de paso, aprovechó para burlarse de su antecesor, Daniel Giacomino, que profirió la célebre frase “Soy un soldado de Cristina”).
En la misma alocución y ya con tónica proselitista no disimulada, se quejó de la actitud de Schiaretti de no ir a los debates con sus adversarios. “Es importante debatir. Yo encabezaba las encuestas y fui a todos los debates para explicarle a la gente mis propuestas”, lanzó.