Infinita tristeza del último acorde



Por Gabriel Ábalos
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TITI RIVAROLAA los 50 años falleció ayer el músico cordobés Titi Rivarola, luego de varios años de lucha contra la enfermedad que cortó su último aliento. Esos años recientes, a la vez con momentos penosos y logros intensos, le dieron un espíritu inquebrantable y el poder de convertir en música, en arte, cada minuto de su vida. Supo meter a fondo las manos en la masa y dejar un legado como artista y como persona cuyo recuerdo queda grabado en la identidad artística de esta ciudad, y no decaerá.
El nombre de Titi Rivarola seguirá siendo un orgullo musical de Córdoba, y no dejará de crecer ahora que su guitarra calló para siempre y su talento ha quedado vertido en tanta música y producciones. Y también en el oficio de tantos y tantas jóvenes que aprendieron a ser profesionales trabajando a su lado, bajo su guía. Titi estuvo en el centro de la emergencia de una generación –el grupo Eruca Sativa es una buena muestra de esto-, buscando sin descanso la calidad. Algo tan sutil, tan preciado y tan raro como la calidad.
Fue un guitarrista depurado, aprendió a poner el corazón en las cuerdas y la sutileza de tu toque puede ser apreciada en las grabaciones desde la época del Trío Nager / Rivarola / Juncos, de 1998, donde también le da curso a su don como compositor, así como en sus solos eléctricos embebidos de sabor criollo en el disco de la Eléctrica Folklórica de 1997. O, ya con una vuelta de tuerca en intensidad y contenido, es decir con mayor carga existencial, en el disco debut de Tórax en 2008. Titi compuso música de aquí, de adentro y también con referencia exterior de pura cepa, como se vivencia en Plaza del Mercado, inspirado en la feria franca de San Vicente, o en Curvas del Suquía que volvimos a oír brillar en su última versión de Tórax, poco más de dos meses atrás, o ese retrato de corso llamado Tribu, jazz-rock sanvicentino para guardar en el corazón.
Titi Rivarola no llegó temprano a la meta, sino abriéndose camino como todos sabemos que les toca hacer a los músicos populares independientes: a puro remo, puliendo su trabajo, defendiendo su independencia, peleando los espacios, colaborando con otros músicos en búsquedas conjuntas. Lo que sí ocurrió temprano, desgraciadamente, fue su partida, a los cincuenta años y cuando podía esperarse aún más música de su compromiso con ese arte, en su cima de experiencia y capacidad.
Se fue, también, con gloria: tocando hasta el final, encarrilando proyectos contra el reloj del cáncer, dándose el lujo, en unos pocos meses, de volver a sonar –como una despedida- con uno de sus proyectos más queridos, La Eléctrica Folklórica, compartido con músicos del palo y dirigido por el Bicho Dïaz; y de relanzar, con nuevos compañeros de ruta y como una apuesta personal, su último don musical a Córdoba, esa gran banda llamada Tórax.
También se dio el gusto de desarrollar sin tregua su trabajo a dúo con la cantante Paola Bernal, y de enriquecer sus incursiones en el Festival de Folklore, como hija de Cosquín, al más alto nivel. Juntos hicieron una gira europea y presentaciones en México y Japón. La colaboración de ambos dio el disco Pájaro Rojo, último de Paola, producido por Titi, grabado en Córdoba (algunos temas en Francia), y que contó con una troupe de notables invitados.
Titi Rivarola recibió todo lo que sabía de Córdoba, y todo, pero todo, lo devolvió con creces y a esta misma ciudad, con alta plusvalía en calidad. Trabajó en colaboración con grandes músicos locales, aprendiendo todos a valorarse a sí mismos y entre sí, haciéndose cargo de llevar más allá de los límites las propias posibilidades, de seguir indagando y experimentando hasta el último minuto. Titi perteneció a esa raza de músicos capaces de marcar su propio estándar sin moverse de su lugar, sin necesidad del juicio consagratorio de afuera. Con la sola medida de los músicos del mundo que iluminaron el camino, pero hecha propia, encarnada hasta los huesos aquí, aquí mismo, en esta ciudad que –hay que decirlo una vez más- no siempre devuelve lo que en ella se siembra. Tal vez por eso, también, es que Titi llego al final sin un peso en el bolsillo, necesitando de la solidaridad de quienes lo querían, de sus amigos y colegas para afrontar su última batalla. Falleció en el Hospital de Clínicas, a las 15 del miércoles 4 de septiembre. El maestro descansa de esta vida que él trató de volver más amable, nosotros lo recordaremos agradecidos.