Chevron sí, LAN no

Por Gonzalo Neidal

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En una ventanilla, el gobierno clama que “necesitamos muchos más Chevron”. En otra, quiere echar a la empresa chilena LAN. Algo parece no estar funcionando de un modo coherente. Al gobierno se le hace muy complicado explicar su acuerdo con la empresa norteamericana Chevron. Es que tantos años de populismo y tantos párrafos de nacionalismo y anti imperialismo norteamericano hacen agua manifiestamente cuando el gobierno tiene que convocar a las empresas del Imperio para sacar el petróleo que descubrió la española REPSOL. ¿Qué hacer ahora con tanto discurso vano sobre el “vivir con lo nuestro” y acerca de los males del capital extranjero?
Es tanta la debilidad petrolera argentina, tan pequeña es la capacidad de negociación del gobierno que ha debido apurar los acuerdos sin fijarse demasiado en detalles que contradicen su prédica sobre las corporaciones y el imperialismo. Los odiados noventa dejaron un país autoabastecido de energía, exportador de hidrocarburos. Han sido estos años de Néstor y Cristina los que nos han llevado a esta situación de indefensión hidrocarburífera.

La idea de Néstor
La ingeniería financiera de Néstor fue la que ideó un socio para la Repsol – YPF de los españoles. Un socio que accediera al 25% del capital sin aportar un solo peso. Eso significó, en los hechos, la desaparición de la capacidad de inversión de la empresa petrolera pues tuvo que distribuir dividendos formidables a todos sus accionistas para que Eskenazi pudiera cobrar una cifra compatible con su aporte de capital.
El pacto con Chevron, al mejor estilo Roca-Runciman, tiene cláusulas secretas, que ni siquiera pueden ser conocidas por los legisladores neuquinos que deben votar su aceptación. ¿Por qué esta falta de transparencia? Es previsible que sea porque el gobierno ha aceptado condiciones cuya difusión pública considera bochornosa para su cuidada imagen de luchador por el interés nacional y la defensa del patrimonio argentino.
En efecto, han trascendido algunos artículos que abonarían esta posibilidad. El diario Infobae publicó ayer tres presuntas condiciones que resultan inaceptables para el relato en vigencia: a) Ante cualquier desacuerdo, rige la ley de Nueva York, b) los tribunales designados por ambas partes son los de la Corte Internacional de arbitraje de la Cámara de Comercio Internacional con sede en Francia y c) YPF deposita 100 millones de dólares en un banco de los Estados Unidos, en concepto de garantía, para que Chevron pueda cobrar de ahí futuras utilidades.
Todo esto no parece muy nacionalista, claro.



El vídeo de Recaldito
Estos días trascendió un vídeo que muestra a Mariano Recalde, el titular de Aerolíneas Argentinas, contando con tono jocoso y embriagado cómo fue que él le pidió a la presidenta que le quitara rutas a LAN para beneficiar a AA. El tono liviano, casi disoluto, del discurso de Recalde, propio de un niño que juega al Estanciero, habla claramente del modo cómo se está custodiando el patrimonio del estado nacional.
Pese a que fue Argentina quien buscó a LAN para que compitiera con la AA privada, pese a la existencia de un contrato firmado hasta el año 2023, se hostiga a la empresa con estúpidos argumentos ideológicos (“empresa de la avanzada pinochetista”) para cubrir la ineficiencia de la aerolínea estatal que pierde más de 2 millones de dólares cada día.
Cabe señalar que la empresa LAN es chileno-brasileña y Chevron, norteamericana. Decimos esto porque hemos llegado a una situación ridícula: mientras Galuccio clama por más Chevron, Recalde pide cero LAN. Queremos inversiones extranjeras pero, cuando vienen, no les respetamos los contratos a unas mientras firmamos cláusulas secretas con otras. Las unas son latinoamericanas, parte de la Patria Grande de Bolívar y San Martín, por usar el lenguaje propio de los actos del Mercosur.
El gobierno parece pensar que un bloque de intereses comunes con los países de la región se construye a fuerza de declaraciones altisonantes en los actos protocolares que cuatro o cinco veces por año se convoca para exaltar el patriotismo hueco y declamatorio de un puñado de presidentes con hambre de bronce. Parecen preferir las palabras a los hechos. La pura verba a la paciente elaboración de un tejido concreto, entrelazado y compacto de intereses comerciales con beneficios recíprocos.
Por otra parte, ¿quién querría invertir su capital en un país donde no se respetan los contratos firmados, donde el vice ministro de economía dice que lo horroriza la denominación “clima de negocios”? ¿Quién querría poner un solo dólar en una economía cuyas leyes se rigen conforme al humor cotidiano de un grupo de muchachos que viven como una farra la administración de la empresa aerocomercial de bandera?

Doble canon
Si al gobierno le resulta difícil explicar lo de Chevron, mucho más complicado le resulta hacerlo en relación con el modo en que trata a LAN. Cuanto menos puede decirse que la política del gobierno respecto de la inversión extranjera es un tanto errática, carente de una línea definida.
¿Cuál es la actitud que debe tenerse en cuenta? ¿La de Recaldito o la de Galuccio? ¿Quién habla y actúa en nombre de la presidenta? ¿El que ruega por más Chevrón o el que pide que se vaya LAN?
No es una muestra de seriedad excesiva esta falta de claridad en un tema tan importante como éste. ¿Acaso las relaciones comerciales internacionales pueden estar en manos de un puñado de chicos de La Cámpora? Si esta es la convicción presidencial, entonces ¿qué hace un profesional como Galuccio en YPF?
Alguien está sobrando.