El cierre y las vísperas

Por Carolina Mantegari
para JorgeAsísDigital

p08-1En un tardío arranque de racionalidad presentable, emergen los opositores que quieren juntarse. Acordar. Por necesidad. Es el juego de las alianzas apresuradas. La manera de construir política a los 44 minutos del segundo tiempo. Suspenso irrisorio del final.
¿Arregla Mauricio Macri, el Niño Cincuentón, con Roberto Lavagna, La Esfinge, como primer senador por el Artificio Autónomo? De Lavagna-Gabriela Michetti, La Princesa de Laprida, se pasa de pronto a Michetti-Lousteau, El Personaje de Wilde. Cuestión que Michetti -emblema del macricaputismo- cambie, para el vals, de ministro (inicialmente cristinista). Trasciende que se enfría el acuerdo de Macri con Lavagna o con Lousteau (pero en cualquier momento puede reanudarse). Entonces emerge Sturzenegger, un economista entusiasta, para acompañarla (aunque el viernes se lo daba como acompañante del vals a Pinedo, del elenco estable).
¿Y Francisco De Narváez, el Caudillo Popular? De la alianza con Mauricio y Felipe, El Cuadro del Felipismo -que derrotó en 2009 a Kirchner, El Furia, y Scioli, Líder de la Línea Aire y Sol- El Caudillo pasó, en 2011, a enroscarse con los radicales desorientados de Alfonsín (que llevaron, en 2007, a Lavagna). Aparte, para la interna peronista de 2013, se confirma que Narváez mantiene un pacto tácito, por abajo, con Scioli.
Aunque El Caudillo no vacile, por televisión, en dirigirle mensajes conmovedores a Sergio Massa, La Rata del Tigre: “Sergio, si vos vas contra el gobierno, yo voy detrás tuyo”. En las vísperas del cierre, nadie asegura aún si Massa va a encabezar una cruzada “por afuera”, como un vagón desprendido del tren de La Doctora. O si Massa se limitará a enviarla al frente a la señora Malena, su esposa. Para quedarse en la ilusión conductora desde Tigre. Ante la previsible decepción de los medialuneros que aguardan, desde hace meses, con la medialuna enarbolada, su “momento de decisión”.
Sin embargo la fragilidad del tejido le basta a Massa para condicionar las estrategias inmediatas de las tres restantes figuras. Las que Oximoron considera más gravitantes de la política argentina de hoy. “Cristina, Mauricio y Daniel”.
Como corresponde a una Serpiente (de astrología china), La Doctora es una adicta al encanto del enigma. Por lo tanto, antes de atacarlo de nuevo a Scioli, debería atender los antecedentes. En especial del marido, El (extinto) Furia, quien -mal que mal- fue quien inventó, para La Familia, el negocio del poder.
Más frontal, menos envolvente, El Furia (que era un Tigre) no tuvo mayor suerte cuando le descerrajó a Scioli aquella provocación lapidaria. “Diga, Gobernador, ¿quién le ata las manos?”. A los dos días del ataque a Scioli al pobre Furia debieron internarlo en la Clínica Los Arcos. Comenzaba a cerrarse el arco del final.
Durante el hostigamiento de 2010, El Furia tramaba la obstaculización de Aire y Sol. Nada nuevo. Es una mera historia de desaires. Para que Scioli no fuera reelecto en 2011, y obturarle el ascenso en el palo enjabonado.
El instrumento escogido por El Furia para hostigar a Scioli era Amado Boudou, El (próximo) Descuidista. Lo preparaba para gobernador, con el apoyo espiritual de los fondos de Diego Bossio (que aguarda paciente su propio escándalo), y con el armado presuntamente territorial de Martín Insaurralde, el mini-gobernador de Lomas de Zamora.
Hoy Insaurralde resuena, según nuestras fuentes, como próximo diputado de La Doctora, para la provincia (inviable). Pero Insaurralde aún no tomó suficiente Toddy para ser cabeza de lista. Es el lugar de privilegio donde La Doctora no encuentra a quién demonios poner. Signo de la desertificación inquietante de dirigentes.
Alicia, La Fotocopia, no mide. Tampoco excita los medidores Randazzo, El Ex Killer, y ni siquiera excita El Lindo Julián, alias Domínguez. Si finalmente Massa decide enfrentarla, La Doctora estaría en problemas. No tendrá (La Doctora) otra alternativa que recurrir a Daniel. Ya que ella es “Scioli-dependiente”. Pese a su resistencia ideológica. Y cultural.
Del mismo modo, el Líder de la Línea Aire y Sol depende también de La Doctora. Aunque le disguste, se encuentra también colgado del Vestidito Negro, como la totalidad del Frente para la Victoria, con su notable concatenación de buscas de Unidos y Organizados (y con la medialuna siempre enarbolada). No puede Scioli caerse del Vestidito, aunque ella patee.
La Doctora y Aire y Sol son dos almas en el mundo que deben irremediablemente soportarse. Sobre todo si Massa se deja de coquetear con las histéricas vueltas a La Rotonda que atormentan a sus medialuneros, y opta por el camino heroico de la emancipación. En todo caso Massa debe combatir a La Doctora y a Scioli. Juntos, los dos, con el Estado.
La cuadratura de Macri, la figura superlativa del macricaputismo, es de una simpleza aberrante que transmite complejidad. Arreglar con Massa (competidor de 2015) en provincia. Arreglar con Lavagna (competidor de 2015), para el Artificio. Y sobre todo arreglar con Francisco, el otro personaje de La Tragicomedia, quien a su vez mantiene un acuerdo sospechoso con el máximo competidor en 2015 para la sucesión. Es Daniel. Aire y Sol. El misterio de la presencia ausente.
O finalmente el artista invitado puede decidir no acordar con nadie. Para, al mejor estilo Aldo Ferrer, “vivir con lo nuestro”. Y juntar en la provincia inviable entre 8 y 10 puntos propios. Ante la algarabía, aquí, de La Doctora, exclusiva beneficiaria de la multiplicidad de opositores.
Lo expuesto por Oximoron, en el inicio de junio, no debe tomarse como una crítica. Es una vulgar constatación de la manera de construir la política. Brinda la idea, acaso, equivocada, que al fin y al cabo cualquiera puede acordar con cualquiera.
Y que, durante las vísperas del cierre, el juego tenso de las alianzas se asemeja al baile de la escoba de la infancia. Sólo no hay que quedarse sin bailar. Con la escoba en la mano. O con la medialuna enarbolada y sin tazón para mojarla.
Escasa confianza despierta el político que no sabe bien qué va a hacer. Ni con quién se va a enroscar. A veces, eso sí, sólo se sabe en contra de quien se va a enroscar. En nuestro caso, contra La Doctora. Salvo que La Doctora decida interrumpir su vocación de monja de clausura, y abrirse para convocar al que se le antoje, para decirle: “Te necesito”.